«Noche sin paz» se mantiene en cartelera como una opción pintoresca para impregnarse de espíritu navideño en estos días. En el film, un Santa Claus bárbaro que ha perdido la esperanza en la Navidad quiere jubilarse de un trabajo que le resulta risible. Cansado de ver cómo el capitalismo ha invadido las mentes infantiles asiste en Nochebuena a dejar regalos bajo el árbol sin convicción. Incluso pasado de tragos, vemos cómo esa imagen del idílico hombre de barba blanca bonachón y risueño se desmorona ante nuestros ojos. Todo, mientras el personaje se cuestiona su papel en el mundo de hoy.
En su recorrido por los hogares, se topará con una niña en serios aprietos que le hará cambiar de parecer. Ella representa la gran esperanza de lo que para él es una especie en extinción. A partir de allí, este Santa fortachón toma cartas en el asunto para salvar a la pequeña de un secuestro perpetrado en la mansión de su abuela. Pero lo más importante, descubrirá que el amor todo lo transforma, incluso cuando parece no haber salvación.
Guiños a la festividad abundan en cada plano de la película, bien para los que aman la Navidad como para los que no, pues todo es bello y empalagoso, pero también exagerado. Una banda sonora bastante festiva -con los clásicos de siempre, el sonido de las campanas cada dos por tres o el clásico jojojo- se funden en la aventura para completar el look perfecto.
No es la gran cosa, pero es entretenida, con bastante humor y ese encanto propio de este tipo de producciones. Además, rinde tributo a filmes como «Mi Pobre Angelito» o «Duro de Matar». Por otro lado, la actuación de David Harbour («Stranger Things») eleva la aventura. Él, con ese tono de malote, da en el tino y atrapa. También participa John Leguizamo quien sabe jugar bien su papel de villano.
En la trama el conflicto se resolverá para dejar una gran pregunta en el aire: ¿Es Santa quien salva a la niña o es la niña quien lo salva a él?
