Ubicar «El Menú» en un solo género no parece tarea sencilla. Sí, hay suspenso y a ratos algo de terror pero ¿hasta qué punto puede considerarse tal? Con una carga de violencia emplatada con creatividad, la película busca sacudir, más que el paladar o la vista, la comodidad del espectador a partir de su argumento. Allí descubre con belleza, sutileza y opulencia que la alta cocina no siempre sabe bien.
Pero descifrar la intención de un chef con el ego magullado, que decide tomar justicia por sus manos, se vuelve un pedazo de carne difícil de morder. Más cuando no queda claro por qué esas víctimas son sus principal blanco. O es que solo los odia por ser ricos, corruptos, mentirosos y egocéntricos. Ese plato no llega a la mesa y se sugiere entre líneas.
Por ello, en esta cocina todo queda a medio hacer, desde el guion que da tumbos hasta las acciones sin orden ni lógica en la historia. De tal forma que la experiencia culinaria se vuelve difícil de masticar y tragar.
El proyecto sale a flote por las actuaciones Ralph Fiennes y Anya Taylor-Joy, quienes de alguna manera logran conectar con las intenciones detrás de sus personajes. Ellos, precisamente, protagonizan un juego del gato y el ratón en el que este último descubre cómo ganarle la carrera al gato y salir airoso.
Pero, a decir verdad, este evento gastronómico exclusivo para 12 comensales que pagaron 1.250 dólares por cabeza por «El Menú», se cocina a fuego tan lento que al final se quema.
