«Desencantada» se estrenó en Disney+. La película que sirve de secuela a «Encantada» desbarata el clásico estrenado hace 15 años. Sí, están varios de los personajes principales pero carece de todas las características que hicieron brillar al film anterior.
En 2007 Disney logró eclipsar con una historia en la que una princesa, salida de un cuento de hadas, llegaba a la caótica Nueva York para quedar enamorada no solo con la Gran Manzana sino también de la vida real y de un abogado viudo que criaba solo a su hija.
En el camino esta joven, que además parecía loca, descubría que el amor es más que entonar canciones bellas y caminar tomada de la mano. Ese choque, entre el tipo serio y cuadriculado y la chica eufórica y siempre feliz, hacía de aquella aventura una verdadera delicia. Creativamente concebida combinaba, además, animación con acción real. Por otro lado, la banda sonora y las actuaciones de todo su elenco daban espacio al nacimiento de una aventura refrescante.
Pero aquí, como su nombre lo indica, ocurre lo contrario pues además de caer en lugares comunes la película carece de una trama consistente. Así, en lugar de ir directo al grano, da vueltas hasta marear. Para colmo abusa de todas las fórmulas, incluida la de combinar animación y acción real, volviéndose tediosa.
Giro innecesario
En «Desencantada» Giselle esta vez sueña con recuperar su vida de cuento de hadas. Tras mudarse a un pueblo que parece su Andalasia soñada y obtener una barita mágica pide un deseo arrebatada e impulsada por el desencanto de una vida trivial. Está harta de los quehaceres del hogar, de la monótona vida en pareja y de tener que lidiar con los cambios de humor de una hijastra adolescente.
Pero el arranque de egoísmo acabará tornándose en su contra. Acto seguido: rotarán los papeles del bien y el mal volviendo el cuento tan tirado de los pelos que, entre canciones y escenas innecesarias, el espectador acabará aburriéndose. O, al menos, ese que celebró el éxito de la primera aventura.
Disney de nuevo vuelve, como ha hecho con muchas de sus últimas secuelas, a poner la torta al acabar de golpe y porrazo con la madurez y creatividad que demandaba el proyecto. Para regresar a lo mismo: una aventura simplona, fácil y aburrida vista miles de veces.
