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Una “Cenicienta” que no es chicha ni es limonada

Cenicienta
Foto: @PrimeVideoLat
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Amazon Prime Video anunció con bombos y platillos el estreno de “Cenicienta”. Con un elenco encabezado por Camila Cabello e Idina Menzel, la cinta inspirada en la clásica historia de la joven que sueña con su príncipe azul mientras es abusada por su madrastra, original de Charles Perrault, se vuelve intragable en su intención de romper con lo establecido.

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Para entrar en contexto: olvídese de ver a una Cenicienta que no tiene voz, que pasa el día limpiando y cocinando a la órdenes de su madrastra, y que sueña con algún día encontrar el amor de un príncipe. Aquí el único sueño de la joven es ser emprendedora en un negocio de diseño de modas, por lo que pasa el día haciendo figurines y cosiendo en el sótano donde vive. Un espacio en el que, incluso, tiene maniquíes para exponer su trabajo, colores y papel para hacer sus diseños e hilos y telas para crear. Nada qué ver con el ático lúgubre lleno de polvo en el que se sentía marginada la del cuento original.

Un exceso de todo que no sabe a nada

En ese deseo de querer ser una mujer independiente, hasta su canción principal habla del asunto. Y en esa misma actitud seguimos a una Ella (como se llama la chica interpretada por Cabello) avanzar en la búsqueda de su objetivo. Las normas le resbalan, es irreverente y hace literalmente lo que le da la gana. Al punto de dejar que sean sus hermanastras y madrastra (a cargo de Menzel) las que se hagan cargo de lavar la ropa, ocuparse del mercado y atender el caserón donde viven.

En la película buscan versionar con tal libertad el cuento que se incluyen personajes como la hermana del príncipe (Tallulah Greive como la princesa Gwen) que es ella quien quiere asumir la regencia y portar la corona de reina en su testa. Obvio que sin aprobación de su padre (interpretado por Pierce Brosnan) un rey que cree que solo su hijo (a cargo de Nicholas Galitzine como el príncipe Robert) puedo asumir el trono.

Con intención de hacer la pieza multirracial e incluir a un personaje de la comunidad LGBTI+, el hada madrina ya no es tal. En su lugar, seguimos a un hombre con exceso de brillo en una versión “RuPaul’s Drag Race” de la bondadosa y simpática ángel guardián. Algo que resulta exagerado, chocante y desagradable pues en lugar de reivindicar al colectivo acaba en ser una parodia más de clichés. Billy Porter interpreta a ese Fab G o hada madrina sin género.

Un cuento hecho añicos

La carencia de una ambientación referencial, espacio-tiempo, desconcierta al espectador que sigue una mezcla de modernidad con antiguo sin lógica. ¿Cómo es que en ese reino tan actual las mujeres no pueden trabajar, mandar o hacerse cargo de su familia? Pero luego tienes a una Cenicienta irrespetuosa, contestona y sobrada que hace literalmente lo que le da la gana. Nada encaja y como en el Neobarroco mismo, el exceso de estilos aturde.

Otro tema a destacar son las canciones. La película es un musical juega con géneros como el rap, pop, rock y baladas ancladas a temas clásicos como “Material Girl” de Madonna o “Whatta Man” de En Vogue y Sal N’ Pepa, por mencionar solo algunos. Divertidos sí, quizás la banda sonora en solitario se disfrute más que la película.

Por otro lado, en las actuaciones hay que decir que tanta diversidad en escena parece forzada. Y todo para evitarse el ataque de los más conservadores, pero sin lógica en el guion. Es como si los creadores eran fans de la serie “Bridgerton” (porque copian algunas cosas de su estilo), pero también del director australiano Baz Luhrmann y hasta de “Glee” y “Descendientes”.

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En la trama Camila Cabello no pega con su pareja protagónica y hay actuaciones tan planas y aburridas que generan distorsión con las exageradas, aturdiendo. Se nota que no hubo un trabajo para unificar la intensidad expresiva y, mientras algunos casi escupen los parlamentos sin gracia, otros buscan resaltar apelando a la exageración. La película es escrita y dirigida por Kay Cannon, que creo que quiso revolucionar y actualizar tanto el clásico que acabó perdiéndose en el camino. Haciendo de su “Cenicienta” la versión malandra jamás antes vista.

Y colorín colorado este cuento se acabado.

 

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