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Un ratico

Manuel Pollo Ujueta
Foto: cortesía estoesposdata.com
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La muerte de una persona joven siempre causa estupor. Si bien la única certeza en la vida está relacionada con el final común, que puede llegar en cualquier momento, la expectativa en el inconsciente colectivo es que las desapariciones respeten criterios cronológicos. Sin embargo, la realidad ignora sutilezas y ejerce la crueldad con fallecimientos que impactan en la opinión pública, como es el caso del cantante venezolano Manuel “Pollo” Ujueta del dúo estoeSPosdata.

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El pasado sábado 5 de junio, la noticia de su deceso se viralizó rápidamente, a través de redes sociales y medios digitales. Al principio, la información resultaba confusa. Solo había un hecho cierto: fue una colisión en Hialeah Gardens, ocurrida la tarde del día anterior. Las autoridades desconocían los detalles del accidente. Y la lejanía impedía tener fuentes de primera mano que permitieran despejar las dudas.

Por ello, la familia del artista de 24 años y su equipo de trabajo decidieron enviar un comunicado a los periodistas, con el propósito de aclarar lo sucedido y evitar señalamientos erróneos, en cuanto a responsabilidades.

Manuel junto a su novia Valeria Chiariello (otra víctima) se desplazaban en un Nissan plateado, en el que habían ido al aeropuerto para recoger a Carlos (hermano del vocalista). De regreso, al recorrer la autopista Northwest 95th Street, un Chevy negro saltó la isla y los impactó de frente. El chofer del segundo vehículo también falleció en el acto.

La historia resulta aún más triste al imaginar el contexto. Los hermanos morochos se reencuentran quién sabe después de cuánto tiempo. Habría risas, abrazos, chistes, cuentos, preguntas, planes… mucha felicidad en la cabina del carro. Y, de repente, todo da un giro dramático.

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Carlos, único sobreviviente del impacto, es trasladado en helicóptero al Jackson Memorial Hospital de Miami, donde permanece en estado crítico después de haber pasado por el quirófano. Tal vez todavía desconoce la dimensión de lo sucedido y la pérdida que ha sufrido, aunque es fácil presumir que el acontecimiento lo marcará el resto de su vida.

Falta conocer la causa que convirtió al Chevy en un arma mortal, aunque, en realidad, eso carece de importancia para los afectos de las víctimas que solo estarán cobijadas por los recuerdos acumulados. Ahora los abrazos, los besos y las caricias de antaño tendrán una nueva dimensión. Al final, son esos pequeños detalles los que se vuelven gigantes frente al dolor y a la nostalgia. Ni siquiera la pandemia debe ser capaz de arrebatarlos. Nunca se sabe cuándo serán los últimos. Y siempre quedará el lastre de los que no se dieron.

 

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