Un pasito para atrás

Luego de cuatro años de ausencia, vuelven los castings regionales al Miss Venezuela. Según ha trascendido en portales y redes sociales, los diseñadores Douglas Tapia y Wilfredo Camacho llevarán las riendas de Miss Zulia y Miss Carabobo, respectivamente. El primero estará secundado en territorio de La Chinita por las exmisses Jéssica Ibarra y Rosángela Matos.

Al dúo se suma Leudys González como responsable del Miss Monagas, tras la experiencia que ha obtenido como organizadora de los reinados nacional e internacional del cacao, al tiempo que ocupa la presidencia de la Fundación Nuestra Tierra.

Aunque la información es de carácter extraoficial, debido a que no ha sido difundida ni confirmada por la Organización, a través de alguna plataforma o por señales de humo, la utilización del logo en convocatorias es indicativa de firma de acuerdos y consentimiento, porque, de lo contrario, habría generado alguna acción legal desde La Colina. O, cuando menos, un desmentido.

Tras hacer la salvedad de que esta fórmula es positiva, porque permite la captación de potenciales reinas en diferentes entidades del país, donde no está presente el Comité Ejecutivo, también representa el regreso a la fórmula que tuvo mucho protagonismo en los últimos tiempos de Osmel Sousa y que le generó más de una crítica.

Solo como dato: en 2017, en lo que puede considerarse el cierre de la gestión del zar, hubo 102 precandidatas que emergieron de las 10 franquicias otorgadas (cifra tope en la historia del concurso).

La decisión de reactivar la figura de los regionales, además de lo que significa como herramienta para buscar aspirantes, tiene un fuerte componente económico, ya que la designación no es un ejercicio de amor al arte, sino el resultado de una negociación que termina con la transferencia de una buena cantidad de dólares de una cuenta a otra.

Puede interpretarse fácilmente que alguien se dio cuenta de que estaban desestimando una importante fuente de ingresos que, en tiempos de publicidad televisiva reducida y predominio de anunciantes en las redes, puede generar el presupuesto apropiado para producir un espectáculo a la altura de la celebración de los 70 años del Miss Venezuela.

El discurso de nuevos tiempos y nuevas directrices, al final, es muy romántico, pero choca con la realidad que impera en el mundo empresarial. Porque un concurso de belleza es un modelo de negocio y, aunque trate de maquillársele con el tema de la responsabilidad social, su objetivo está muy alejado del que guía a las organizaciones no gubernamentales. Ni las coronas ni las coronadas pertenecen a congregaciones religiosas.

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