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Un comodín

Contesta por Tío Simón
Foto: Cortesía VTV
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Desde sus inicios, la industria de la televisión venezolana incluyó en su programación espacios de concurso que agilizaban la oferta, cumpliendo con la misión fundamental de entretener y, en algunos casos, de aportar conocimientos a los televidentes.

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«Cuánto tiene el pote», «Monte sus cauchos y gane», «El torneo del saber», «Programa de las 64.000 lochas», «Viva la juventud», «La feria de la alegría», «¿Cuánto vale el show?», «Contesta por tío Simón», «Concurso millonario», «La estrella de la fortuna», «Match 4», «Arriba juventud», «Aló Rctv», «Qué dice la gente», «La fiebre del dinero», «Diente por diente», «Megamatch» y «¿Quién quiere ser millonario?» son varios de los nombres de distintas épocas que llegan a la memoria.

Algunos premiaban a los participantes con diferentes artículos o con dinero en efectivo. Otros brindaban exposición a potenciales talentos artísticos. Todos eran de contenido blanco, es decir, aptos para cada uno de los miembros de la familia y, por lo tanto, de fácil colocación en pantalla.

El éxito del formato, con sus correspondientes innovaciones y actualizaciones, es evidente al constatar el lugar que ocupa en la parrilla de canales que integran los servicios de suscripción. Sin profundizar en el hecho de que se ubican entre los programas más sintonizados, en sus respectivos países.

Los espacios de concurso funcionan, porque logran algo fundamental: que el televidente participe desde el sofá, ya sea respondiendo las preguntas formuladas, cuestionando las respuestas ofrecidas o comentando las decisiones de los competidores. A esto se suma que muchos prometen jugosos premios, con lo cual aumenta el atractivo por saber quién se los llevará.

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A pesar de ser una fórmula comprobada, los canales nacionales decidieron archivarla, en lugar de aprovechar la coyuntura: una crisis ante la cual cualquier ayuda es bienvenida. Por ejemplo: si existe una realidad innegable como la proliferación de los bodegones, ¿es imposible lograr un intercambio que permita ofrecer un monto equis semanal al ganador de un programa? ¿O con una de las grandes casas de electrodomésticos que invierten millones en publicidad? ¿O con ventas de repuestos para vehículos, en atención a las necesidades del parque automotor?

Esos premios no le resolverían la vida a nadie. Es verdad. Pero servirían para aliviar la carga económica de quienes hacen maromas con sus presupuestos, con el propósito de solucionar episodios cotidianos. Y le apostarían a la empatía del público local, porque la cercanía es un recurso de gran valor. En los programas de concurso hay una brecha que podría cubrirse con un poco de esfuerzo y buena voluntad.

 

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