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Un caso indignante

Collage Chevere.life
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En abril del pasado año supimos del fallecimiento de un extraordinario ser humano, investigador, escritor y coleccionista musical. Rafael Bassi Labarrera era también hombre de radio, amigo leal, así como un referente importante para la cultura de su ciudad natal, Barranquilla, Colombia, donde durante 30 años hizo sus programas en la emisora cultural de la ciudad. Escribió mucho y dejó amigos en todo el continente. Rafael falleció en Medellín, donde residía desde hacía par de años. Allí llevó sus libros, discos, apuntes, sus colecciones y su alegría para compartir con un nuevo amor en su vida.

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Hace pocas semanas miembros de su familia por fin viajaron desde Barranquilla a Medellín a recoger sus pertenencias, hasta entonces amorosamente cuidadas por su compañera.

Recogieron todo, embalaron y el camión de la mudanza salió en dirección al Magdalena. Los familiares de Bassi sacaron muchas cajas a la basura para que se las llevara el aseo, y se marcharon. El conserje viendo que eran libros los vendió a los recicladores de papel, quienes se los llevaron a una zona marginal. Hasta allí llegaron los vendedores de libros a rescatar del reciclaje ese legado que ahora está siendo adquirido por melómanos en varios puestos de venta de libros usados. La hermosa y valiosa colección literaria y musical de Rafael Bassi había sido dejada en el abandono por la familia.

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Estupor e indignación es lo que cargamos encima sus amigos, los melómanos del Caribe al que tanto quiso. En alguna oportunidad Bassi comentó a varios amigos que le gustaría donar su colección a alguna biblioteca, y se queda uno pensando en la condición humana y en los matices que adquiere la impotencia.

@lildelvalle

 

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