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Ultraman llegó primero que el sushi

Ultraman
El primer actor detrás del traje de Ultraman fue Satoshi Bin Furuya
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Nadie descubre el agua tibia si asegura que, históricamente, la industria de la televisión venezolana se ha nutrido de producciones estadounidenses. Sobre todo, en las primeras décadas de su existencia, cuando tanto Venevisión como Rctv adquirían los derechos de transmisión de series que variaban en temática y calidad; pero que permitían rellenar la parrilla de programación y acercar al público local a lo que hacían algunas de las televisoras más importantes del mundo.

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Tanto en los años 50 como en los 60, los televidentes criollos se acostumbraron a las historias facturadas en el norte. Sin embargo, en medio del predominio yanqui, una propuesta japonesa se convirtió en la lechuga entre las coles: “Ultraman”, el superhéroe alienígena con apariencia de robot.

Tun Tun

Después de haber sido creada por Eiji Tsuburaya para Tokyo Broadcasting System (TBS), la serie llegó a la pequeña pantalla nipona el 17 de julio de 1967. Al poco tiempo sería comercializada con otros países, donde mostró una nueva estética, a través de las aventuras del habitante del planeta Ultra que se apodera del cuerpo de Shin Hayata, tras el fallecimiento de este en un accidente galáctico.

En cada uno de los 39 episodios que dieron forma a la única temporada, “Ultraman” se enfrentó a monstruos de llamativas morfologías que aterrorizaban a la población y amenazaban la supervivencia del planeta. Gracias a sus 40 metros de altura, pudo medirse de tú a tú con cada uno y, mejor aún, derrotarlos.

Sin embargo, lo más novedoso de la producción era, precisamente, la calidad de la producción, a la que le calza sin miramientos la palabra chaborra. Ni siquiera el blanco y negro era capaz de ocultar la cremallera en la parte trasera del traje del superhéroe. Tampoco disimulaba el material plástico con que elaboraban los disfraces de las destructivas criaturas. Y las peleas entre los gigantes se producían en ciudades realizadas con cartón que sucumbían al menor movimiento de los púgiles. A pesar de ello, la serie tenía un encanto que, además, abrió las puertas a otro tipo de contenidos.

En los mismos 60, llegaron “El robot Gigante”, “La señorita Cometa” y “Meteoro” que, de alguna forma, presentó al público occidental lo que era un animé. En esta línea también llegó “El capitán Centella” que había triunfado en su patria a finales de los 50.

Más tarde, el público venezolano pudo seguir las historias de “La abeja Maya”, “Candy Candy”, “Heidi” (original de la escritora suiza Johanna Spyri), “Marco” (del autor italiano Edmondo de Amicis), “Mazinger Z”, “Dragon Ball” y “Los Caballeros del Zodíaco”, más algunas otras que escapan a la memoria.

Ultraman
Foto: Cortesía Super-ficcion.com

Toque pop

Un síntoma significativo del impacto que un producto televisivo causa en la teleaudiencia es la forma en que termina incorporado a la cotidianidad. En el caso de “Ultraman”, resultó en modo chiste.

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Décadas atrás, era frecuente que, en un grupo de amigos, alguno terminara ganándose el sobrenombre del personaje japonés. “Lo llaman Ultraman, porque ataca puro monstruo”, con lo cual se hacía referencia a las características físicas de las chicas con quienes pretendía establecer algún tipo de relación sentimental.

En este caso, como en tantos otros que no vienen a cuento, la utilización era en clave de humor.

 

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