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Triunfos en pandemia

Foto: Cortesía IG @missvenezuela
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Sería tremendamente mezquino escatimar aplausos para reconocer el esfuerzo que han hecho decenas de productores en el planeta, adaptándose a las limitaciones establecidas por la pandemia derivada del covid-19. El objetivo de continuar con el show, de forma muy especial en lo relacionado con la entrega de premios, ha sido posible gracias a los recursos que ofrece el mundo virtual.

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Hasta ahora, el mejor ejemplo criollo lo constituye la elección de Miss Venezuela 2020. La minuciosidad logística permitió el entrenamiento coreográfico desde la pantalla de la computadora de las 22 candidatas por parte de Brian Urea, la posterior grabación individual en estudio y la sincronización de todas al ritmo del himno del certamen en la mesa de edición, para lograr un dinámico opening trazado por Pablo Roca y Erik Simonato. Por primera vez en la historia, el concurso no fue en vivo, sino íntegramente grabado.

Afuera la experiencia ha tenido matices. Tanto el Globo de Oro como el premio Goya, por mencionar dos galas de la temporada, apostaron a contar con anfitriones en el escenario y a conectar con los nominados desde sus hogares, al momento de conocer al triunfador en cada categoría. Obviamente, esta práctica, que también requiere un gran despliegue de producción, cuenta con la fiabilidad de un servicio como internet, lo cual en países del tercer mundo es un coqueteo con la incertidumbre.

Sin embargo, el tema no está exento de debate. En data reciente, los organizadores del premio Feroz en España decidieron hacer una entrega presencial. El principal argumento de los periodistas responsables fue que si en el país han adoptado el lema de que “la cultura es segura”, para convocar al público a las salas de cine y teatro, debe haber coherencia. Eso sí, usando la mascarilla, manteniendo la distancia social y aplicando gel por borbotones.

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Todas las apuestas mencionadas son válidas, aunque hay algo cierto: la energía no es igual. Ninguna es equiparable al ambiente que se crea con un auditorio lleno de gente que aplaude, grita, ríe, llora, abraza, besa y es capaz de transmitir emociones a los espectadores que se encuentran del otro lado de la pantalla. En fin, ese algo mágico e intangible que nace del calor humano.

Por fortuna, las vacunas han iluminado el final del túnel, a pesar de que las víctimas se suceden sin discriminación y las estadísticas continúan siendo dolorosas. Pero los avances de la ciencia alientan la esperanza de que se acerca el retorno a la normalidad. Y está en manos de cada uno contribuir para que, al final de la historia, el virus pierda su corona.

 

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