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Soledad en compañía de millones de corazones

Foto: Cortesía IG @soledadbravooficial
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Si de algo podría presumir la cantante venezolana Soledad Bravo sería de la libertad con que ha podido llevar las riendas de una carrera artística que ya supera las seis décadas. Una libertad que le ha permitido pasearse por disímiles géneros musicales, sin tener que responder a los patrones impuestos por las radioemisoras o por las compañías discográficas.

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Al amparo de su portentosa voz, ni siquiera mellada por el hábito de fumar que abandonó hace muchos años, y del hombre detrás de la gran mujer que ha protegido sus intereses creativos -Antonio Sánchez García-, la vocalista ha ingresado a los estudios de grabación para responder a deseos más que a compromisos contractuales. Dicho en criollo: ha hecho lo que le ha dado la gana, escribiendo su nombre en mayúsculas.

Sin límites

Cantos sefardíes, poemas musicalizados, nueva trova cubana, boleros, rancheras, salsa, baladas, cantos de ordeño, jazz, bossa nova… ninguno se la ha resistido a Soledad Bravo o, tal vez sería mejor escribir, Soledad Bravo no se ha resistido al influjo de cada sonoridad, para impedir que las etiquetas la sujeten como una invisible camisa de fuerza.

Noticia en los últimos días por haber contraído coronavirus junto a su esposo e hija, es propicia la ocasión para resaltar el valor cultural de la intérprete que, si bien nació en la ciudad riojana de Logroño, llegó a Venezuela el 17 de diciembre de 1950, cuando recién había cumplido siete años y, desde entonces, comparte gentilicio y sentimiento con Simón Bolívar.

La discografía de la cantante es amplísima, incluye los discos «Rafael Alberti», en el que trabajó con el poeta gaditano de la Generación del 27, quien –además- le escribió «Soleares a Soledad Bravo»; «Canciones de la Nueva Trova Cubana», que proyectó a los cantautores Silvio Rodríguez y Pablo Milanés; «Flor del cacao», dedicado a la música venezolana en compañía de Saúl Vera, Cecilia Todd y Lilia Vera; «Boleros», en el cual redimensiona clásicos como «Nosotros», «Alma mía» y «Noche de ronda»; «Arrastrando la cobija», al amparo del Mariachi Vargas de Tecalitlán; y «Raíces», soporte del éxito «Ojos malignos» que identificó a la telenovela «Ka ína».

Mención aparte merece Caribe. La incursión en la salsa de la mano del productor y arreglista puertorriqueño Willie Colón da forma a uno de los álbumes más valiosos de la música tropical. Superó en ventas las 300 mil copias y pegó seis de los siete temas que conformaban el repertorio: «Déjala bailar», «Ese negro», «Vagabundo», «María María», «Carnaval» y «Son desangrado», integrando la lista de los lanzamientos más exitosos de 1982.

La única

A principios de esta semana, Enrique Bravo solicitó apoyo para su tía, esposo e hija Ana Sol, contagiados por covid-19, a través de una cuenta creada en la plataforma Go Fund Me. La meta establecida era de 15 mil dólares.

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En algo más de ocho horas el monto fue superado. Al momento de escribir estas líneas la cifrada llegaba a 25 mil.

El hecho es una muestra del cariño, la admiración y el respeto que siente el país por la única voz femenina que, en 1992, grabó el tema «20 millones de corazones» junto a Oscar D’León, Franco de Vita, Yordano, Ilan, Frank Quintero, Carlos Mata, Guillermo Dávila y Gustavo Aguado, dedicado a la democracia.

 

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