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Raenrra: «Tengo miedo de que con el covid-19 la gente se muera y ya»

RAENRRA
Fotos: María Isabel Batista
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Si algo define al diseñador Raenrra (Rafael Enrique Ramírez Montes) es su don de gente, su buena vibra, su risa y su manera de interactuar alejada del divismo. Este año celebra poco más de tres décadas en la moda venezolana, «son 32 años ya», dice sin querer restarle crédito a la experiencia ganada a pulso.

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Su alegría se contagia, su pasmosa tranquilidad inquieta, pero durante el encuentro con Chevere.life nada lo intimida. De hecho, pareciera que quiere contar tantas cosas que estira el tiempo al máximo, aderezando su discurso con anécdotas maravillosas de vida en las que salen a relucir amigos como Osmel Sousa.

Le apasiona la cocina, al punto que en pandemia se reinventó grabando videos desde el fogón de su casa, como una estrategia para matar el tedio y animarse ante las tristes noticias del avance del covid-19. «El pan me quedó duro, pero igual lo hice», dice muerto de risa mientras sostiene en su mano el celular con el video colgado en su cuenta de Instagram. «Cuando grabas algo así no tienes tiempo de repetir la receta y pa’ lante».

Un hombre de fe

Otra cosa que caracteriza a Raenrra es que siempre ha sido un hombre de fe. De esos que conecta con la energía del universo tanto como con la de Dios, al punto de llevar tatuada en su piel algunas marcas de tinta que le recuerdan aspectos importantes de su desarrollo y crecimiento espiritual. «Cinco tatuajes: Fe, Evolución, Con Dios siempre y Lealtad», además de una pulsera tatuada en su muñeca derecha.

Su casa es un templo, una galería de arte, un gimnasio, una escuela de místers, un taller de confección, un hogar; lleno de salones que descubren las pasiones más añejas pero también las más nuevas. Repleta de gente a la que le da trabajo, cálida y animada, a pesar de permanecer un recinto amurallado ubicado en la Alta Florida, en Caracas.

Allí nos recibió para hablarnos de la vida, de lo que viene y va en su historia, de sus amigos, pero sobre todo de lo que le gusta hacer. Y si bien la moda estuvo presente en la conversación, más presente estuvo su vida, esa que celebró un peldaño más justo ayer 5 de noviembre.

—¿Cómo surgió la idea de hacer la chaqueta que luciría Gustavo Elis en el «Miss Venezuela»?

—Surgió de repente. Siempre que visto a Gustavo es una revolución en las redes sociales. Se nos ocurrió rifarla para ganar seguidores. Gustavo siempre me llama a última hora y quería diseñar algo bueno, bello y rápido. Cuando me dijo Miss Venezuela, pensé que era jurado no que iba a cantar. Cuando le mandé la prueba y le dije ‘la parte de arriaba es lo que interesa’, porque pensé que iba a estar sentado, me salió con ‘¿qué sentado si voy es a cantar?’. ¡Imagínate tú! El día anterior, a correr. Pero le encantó y le hice dos cambios.

—¿En estos tiempos de pandemia ha cambiado la percepción de la gente hacia la moda?

—Absolutamente sí. La gente se replanteó la vida en todos los sentidos. Los trajes pasaron a ser más sencillos, no hay tanto show.

—Como marca ¿Cómo ha sabido aprovechar esa transformación obligatoria para seguir allí?

—Raenrra como marca se plantea desde la perspectiva de Raenrra como ser humano. Me reorganicé en prioridades. Tuve que cambiar dinámicas, cómo continuar con las modistas, mantenerlas incluso para cuidarlas y para no dejarlas sin empleo. Mucha gente optó por salir del personal, no fue mi caso. Yo batallé. Siempre las cuido mucho.

—¿Transformó la realidad del trabajo por cuidarse usted y cuidarlas a ellas?

—Sí, por supuesto. Las normas de bioseguridad fueron y son muy estrictas. Pero con todo y eso son hiperquinéticas, brincaban, saltaban, se montaban y llegaban. Cuando el país se paró sí las mandé a sus casas. Pero luego las organicé por días. Estuve casi cuatro meses solo encerrado con mi hermano que vino de visita y le tocó permanecer aquí.

—¿Modificó la pandemia sus prioridades?

—Tuve tiempo para organizarme. Lo aproveché para replantearme cosas de la vida interior y espiritual. Me sirvió para ubicarme en el verdadero camino de Dios. Y en la moda empecé a hacer ropa más suave, ligera, para andar en la casa. Hubo muchos miedos.

La nueva etapa

En 2019 Raenrra decidió emprender en una nueva faceta como director de concursos de belleza, lo hizo con «Caballero Venezuela«, cuya primera edición vio luz a principios de 2020. «No tuvo tanta repercusión porque nos tocó lidiar con la pandemia a los pocos días. Este año, a pesar de los obstáculos, con todas las medidas de bioseguridad fue distinto. Hubiese querido hacer más pero quedamos satisfechos».

— ¿Por qué elegir «Caballero Venezuela» sobre otros proyectos en mente?

— No quise dejarlo perder. Era algo que había sacado adelante con esfuerzo y quería avanzar hacia una segunda edición. Al final opté por pensar que la vida continúa y lo que tenía que saber, asimilar y digerir es que vivimos en pandemia y esto no se va. Seguiremos cuidándonos estando con ella.

— ¿Qué lo motivó a invertir tiempo y dinero en los concursos de belleza?

— Siempre estuve involucrado con los concursos de belleza, bien en el Miss Venezuela o Míster Venezuela. Cuando Osmel (Sousa) salió de la Organización me retó a hacer uno. Me apoyó, me asesoró, es mi gran amigo, de hecho lo corona del ganador fue idea de Osmel con su gusto exquisito. No descuido la moda, que es lo primordial en mi vida. Con la línea de caballeros llegó la idea de sacarlo. Invitaré a Carlos Aguilar a unirse, porque también me encanta su ropa.

— ¿Y el «Caballero Universal» se hará este mes?

— Sí, claro ya han confirmado su participación 20 países. Que es un gran logro con este tema de pandemia, circular internacionalmente es una proeza. Será del 28 de noviembre al 10 de diciembre. La final es el 9 de diciembre en el Teatro Municipal de Caracas.

La credibilidad que tengo en la moda me dio la oportunidad de proyectarme en esto de los concursos. Además, estoy trabajando en la creación de la agencia de modelos Raenrra Models, a la que se van sumando los ganadores de las ediciones para, desde allí, proyectarlos en la industria. Esto también impulsa más mi moda. La idea es ampliar el rango y tener más adelante talentos infantiles y de tercera edad.

Este concurso se va a posicionar, en nombre de Dios, entre los tres mejores del mundo. No voy a pedir traje típico sino un traje cultural inspirados en personajes históricos de cada país. Los vamos a pasear por el casco histórico de Caracas. Habrá una cena de Navidad con el Zar de la belleza como gran anfitrión.

Quiero que se lleven la impresión de que el venezolano es maravilloso e increíble. También habrá un desfile de moda con mi última colección de trajes para caballeros casual-elegante.

— En su casa uno fácilmente ve que hay una construcción en proceso, un proyecto en curso. ¿Nunca pensó en irse del país?

— No niño. Yo viví en Italia cuatro años y dos en Estados Unidos y yo en ningún momento, con todo y dos grandes ofertar de trabajo fuera como diseñador de moda, pensé en irme del país. Nunca me quise sentir extranjero. Ojo, me gustó vivir la experiencia y se la recomiendo a todo el mundo. Al volver hay un crecimiento.

— ¿Entonces en Venezuela se siente bien y tranquilo?

— Me siento feliz. Aunque me encanta viajar y viajo mucho. Siempre voy y me regreso. Tengo más clientes ahora porque con la inmigración muchos venezolanos me contactan desde afuera y ahora hago novias y novios también. Busco inyectarles una magia para que ese día se sientan bien, no se trata del traje sino de la personalidad y en eso me especializo.

— ¿Pero y hacer moda para las masas?

— Yo quisiera poder acercarme a otros públicos. A veces veo líneas bellas y frescas que me gustaría ejecutar, pero yo visto la noche, soy alta costura. Quisiera vestir el día pero no me da tiempo.

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— ¿Qué proyectos tiene en puerta?

— Viene la Semana de la Moda en Rusia y me invitaron para la Expo Dubái. Pero la pandemia volteó el mundo.

— ¿Cuál ha sido su mayor miedo hoy… enfermarse de covid quizás?

— Sí, ese miedo que anda en la calle y es el que todos tenemos. Tengo dos amigos muy graves con covid-19. Pero mi mayor miedo, si tengo que definirlo, es que nos acostumbremos a que la gente se muere y ya. Antes era un impacto, un duelo, un sufrimiento. Me da miedo que la muerte sea algo trivial y a eso nos lleva esta pandemia.

 

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