Publicidad

¡Qué pena con la visita!

shakira
Foto: AFP
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Shakira siempre fue una artista que llamó la atención. Incluso cuando llegó por primera vez a Venezuela para hacer promoción de su primer disco. La joven colombiana pelinegra solía ser muy receptiva y amable con la prensa; a la que atendía cada vez que venía antes de convertirse en la rubia consagrada que es hoy en día.

Publicidad

Hubo una rueda de prensa que sobresalió de las otras, a principios del nuevo milenio. Se realizó un viernes al final de la tarde. Como de costumbre, los fanáticos pretendieron acaparar el momento y, casi, se produce una batalla campal. Un grupo de ellos comenzaron a gritarle a los fotógrafos el típico “¡siéntate!” porque se sintieron en más derecho que los profesionales para tomarle las gráficas respectivas.

Las cosas, normalmente, funcionan así: el artista entra donde lo esperan los periodistas y durante unos 2-3 minutos se dedica a posar para las fotografías. Esto para evitar los micrófonos y las botellas de agua que normalmente adornan las mesas donde los sientan. Así también, el artista se asegura que se escogerá una buena foto y no una en la que, por la toma, aparezca con un ojo entreabierto, mirando para otro lado o con un gesto que pueda desfavorecerlo.

Publicidad

Sin embargo, ese día los fanáticos querían también sus fotos “profesionales”. Un colega que no tenía mucha paciencia (viernes por la tarde, casi noche, en las épocas en que los el cuerpo, normalmente, sabía qué día era y buscaba qué hacer), se volteó y dijo que los dejaran trabajar. Eso no gustó mucho a los fanáticos. Y comenzó un intercambio de palabras, mientras Shakira trataba de mantener su mejor sonrisa.

Los otros gráficos se solidarizaron con el suyo. Y los fanáticos con el de ellos. Los periodistas tratábamos de aplacar los ánimos. Así como lo cuento. Porque después de todo daba pena con la visita. Ella, sin embargo, terminó por cuenta propia la sesión de fotos ante la posibilidad de que la cosa pasara de castaño a oscuro. Se sentó en su lugar y sin borrar nunca la sonrisa saludó. Todo mundo hizo silencio y si después aquellos lo arreglaron a la salida, pues nunca se supo.

 

ENLACES PATROCINADOS

Publicidad
Publicidad