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¡En el ojo del huracán! La polémica salpica a los dibujos animados

Las empresas de entretenimiento fueron cambiando sus discurso. Foto: @Disney y @WBLooneyTunes
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Si bien los dibujos animados tienen un papel protagónico en el aprendizaje infantil, anclado a la imaginación, dado que sus historias, personajes y escenarios permiten ampliar el imaginario y disparar la creatividad, hay que estar mosca con lo que ven los niños. Sobre todo cuando en el contexto histórico se dibujan, casi imperceptibles en el contenido, líneas que buscan generar prejuicios y comportamientos erráticos.

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Recientemente el columnista del New York Times Charles Blow solicitó la cancelación de Speedy González y Pepe Le Pew, tras alegar que uno promovía la discriminación y, el otro, el acoso de género. Parecía increíble que tuviera que pasar tanto tiempo para que alguien reparara en el mal detrás de aquellas jocosas situaciones. Pero, a decir verdad, estas no son las únicas animaciones que han visto sus lápices arder al estar envueltas en polémica.

Looney Tunes escondió lo malo

Bugs Bunny es uno de los personajes más populares y queridos de la compañía Warner Bros, pero más allá de su divertida risa e icónica frase «¿Qué hay de nuevo viejo?», el conejo esconde bajo la alfombra un pasado que no escapa a la censura de algunos de sus capítulos.

Hoy, cuando la discriminación racial es cada vez más cuestionada y lapidada, el contenido que engloba la trayectoria del conejo se revisó pues a inicio del siglo XX las normas sociales en Estados Unidos eran otras. Para aquel entonces las producciones animadas estaban orientadas a normalizar la segregación, y el episodio «All This and Rabbit Stew» (de 1941) así lo demuestra. 

Desde luego la xenofobia no se salva de esta categoría, ya que diversos representantes estadales acudieron a los estudios cinematográficos o audiovisual para fomentar el patriotismo en el marco de la Segunda Guerra Mundial. En 1944 salió a la luz el capítulo «Bugs Bunny Nips The Nips«, que estereotipaba al pueblo japonés y favorecía, además, la campaña anti nipona.

En este sentido, ese y otros episodios tuvieron un fuerte impacto en las mentes de quienes seguían los capítulos con inocencia como ocurrió también en torno al rechazo al modelo nazi a través de «The Ducktators» (1942). Además de la propaganda política incrustada entre colores, también generalizaron el rechazo al pueblo alemán con «Herr Meets Hare« (1945). Ni hablar de la cantidad de series y películas gringas que tuvieron a los alemanes como enemigos o a los rusos, durante la existencia de la Unión Soviética. Pero eso será tema de otro especial.

Para evitar conflicto y drama, hoy es difícil dar con estos cortometrajes ya que la mayoría fueron removidos del catalogo oficial y duermen bajo la alfombra.

Disney también tuvo que recular

Desde luego que la casa del ratón de Mickey no se salva de este escenario, pues también tiene su historial de clasismo y exclusión.

La película «Fantasía» (de 1940) exaltó la elegancia y la belleza de un grupo de centauras blancas, mientras que a la centaura negra, «Sunflower», fue ridiculizada e ignorada por sus otras semejantes. Décadas más tardes, el personaje fue removido de la cinta.

Por otro lado, el cortometraje «Santa’s workshop» (de 1932) también mostraba un alto contenido discriminativo, puesto que normalizaba la esclavitud y sumisión afroamericana. Para evitar drama, simplemente, desapareció. Por su parte, «Comando Duck» (de 1944) se centró otra vez en la propaganda anti nipona.

Adicionalmente, obras cinematográficas como «La dama y el vagabundo» y «Los aristogatos» también estereotipaban a la raza china por medio de sus felinos. Ya sabemos eran los malos y mal portados.

El niño que nunca creció «Peter Pan» (de 1953), también produjo la indignación colectiva al desvirtuar las tradiciones de los pueblos originarios. Y «Aladdín» (de 1992) tuvo que cambiar una parte de su canción de apertura. Esto luego de señalar que en Arabia «te cortan la oreja si no les gusta tu cara».

La primera princesa negra

A pesar de que poco a poco Disney ha buscado la forma de reivindicar su discurso, algunas producciones no son del todo inclusivas. La «Princesa y el sapo» (de 2009) se presentó como el primer largometraje que incluía a una princesa afroamericana. Pero a medida que el filme avanzaba se notaba que la premisa estaba lejos de la intención.

Tiana era la primera protagonista que se muestra «trabajando por lo que quiere». Las otras doncellas del gigante animado recibieron todo en bandeja de plata. El máximo acaudalado de Luisiana es un hombre blanco, quien también es la presa principal del antagonista de esta animación. En la cinta es representado por el hombre sombra (de origen afrodescendiente) quien además es tracalero y brujo.

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A su vez muestran que el mayordomo Lawrence es explotado por su jefe, el príncipe Naveen (moreno). Recordemos que el personaje es blanco y desde una óptica superficial la propuesta da a entender que dicha raza es la víctima dela raza negra. Históricamente es todo lo contrario.

¿Conoces otras historias animadas de este corte? Quizás es momento de afilar la mirada cuando se consume contenido infantil. Ahora habrá que esperar a ver qué ocurre con los dos personajes animados que esperan juicio en el banquillo de los acusados.

 

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