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«Persuasión»: una moderna adaptación de la obra de Jean Austen

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Foto: Cortesía Netflix

Moral e intelecto, yugo e independencia, amor e interés, «Persuasión» es eso y más. La película que debutó en Netflix recientemente se sustenta en la clásica historia de un amor imposible, en una época en la que la mujer apenas tenía voz.

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Está basada en la obra de la escritora inglesa Jane Austen, dirigida en esta ocasión por la también británica Carrie Cracknell. En su afán de echar mano a la diversidad racial, su elenco es variopinto (muy al estilo «Bridgerton»), libertad que otorga personalidad al proyecto.

Oprimida por el peso social de la soltería Anne Elliot (Dakota Johnson) se muestra, en esta versión de la historia original, como una mujer sufrida amarrada al duelo de su primer amor. Enamorada de Frederick Wentworth (Cosmo Jarvis) pasará ocho años de su vida recordando al hombre que se vio obligada a abandonar.

Los separó entonces el estatus social. Ella, por encima de él, gozaba de un título nobiliario lo que le impedía llevar a buen puerto su amor con un marinero. Para entonces, la mujer sin voz ni voto no podía escoger al hombre y mucho menos si ella pertenecía a la élite.

Pero el tiempo será capaz de poner a cada quien en su lugar. El revés estará servido cuando se inviertan los papeles y el marinero abandonado regrese como un rico Capitán naval. Elliot por su parte tendrá que lidiar con la bancarrota de su familia, viendo cada vez más lejanas las posibilidades de conseguir matrimonio.

Unas de cal y otras de arena

El guion de Ron Bass y Alice Victoria Winslow es a ratos inconsistente, lleno de frases ridículas que no aportan nada a la historia. Repetitivo, vuelve la película un dramón de telenovela. Pareciera que queriendo hacerla más emotiva acaban tornándola empalagosa y redundante. Igual atrapa al espectador pero con exageraciones que hacen que los momentos emotivos pierdan encanto.

Resulta interesante, por otro lado, ver cómo la trama a pesar de desarrollarse a principios del siglo XIX goce de una actualidad inusual. Ejemplo de ello, son los momentos en los que se rompe la cuarta pared y la protagonista habla directamente al espectador. O simplemente cuando gira su mirada para ver a la cámara y plantar muecas y caras que dan voz a su postura frente a ciertas situaciones. Como si en lugar de Anne fuera Dakota la que nos habla.

El vacío de un élite

Se mantiene el discurso de la mujer inconformista, sensible y moderna cuya adinerada y superficial familia no es capaz de medir sus acciones. Al punto, de mostrarnos a los personajes de la élite como vacíos y carentes de cualquier tipo de empatía. Algo que se aplaude, aunque en ocasiones se le fuera la mano y acabaran pareciendo meras caricaturas.

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En esta versión es el hombre el que avanza, el que da el paso, el que se atreve, mientras vemos a una protagonista paralizada, ansiosa, aplastada por las emociones y ensimismada por sus sufrimientos. Incapaz de mirar, por cierto, más allá de lo que el corazón y la cabeza recrean en su mente. Totalmente alejada de la verdad y presa del miedo y los supuestos.

Pese a ello, en conjunto resulta entretenida y sus actores dan al tiro con los personajes.

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