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«Patines de plata»: un drama romántico con ritmo frenético

Patines de plata
Foto: Cortesía Netflix
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Una historia de amor, pero también de clases sociales, de feminismo y política se desglosa en el filme «Patines de plata», que Netflix estrenó recientemente. Con una altísima carga romántica la historia inicia en 1899, en la Rusia aún imperial de los Romanov.

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De nuevo seguimos el final de un siglo e inicio de otro, con todas las implicaciones sociales que yacen detrás del cambio y avance. Eso sí, esta vez, con unas connotaciones y en un espacio distinto al comentado en «Horario estelar«, la semana pasada, que se desarrolla la nochevieja de 1999 a pocos minutos de iniciarse el nuevo milenio. Causal o no, me topé con ambas producciones una tras otra y quise hacer este inciso.

Pero continuando con «Patines de plata» debo decir que ya el tráiler daba cuenta del esplendor, la luminosidad, el lujo y detalle en el vestuario y la ambientación en el que se recrea la historia de Matvey y Alisa. Estos se enfrentarán a los convencionalismos y normas de la aristocracia para dar espacio al amor.

Una aventura sobre hielo

Con personajes claros y definidos, en posiciones diametralmente opuestas, la autora de la novela original publicada en 1865 (la estadounidense Mary Mapes Dodge) encuentra con soltura cómo enganchar a partir de un conflicto simple pero universal: un amor imposible.

Michael Lockshin dirige el drama valiéndose de un elenco que aporta energía e inocencia, apelando al exceso pero sin caer en el derroche o el ritmo lento. Para lograrlo, el realizador echa mano a los giros de cámara, planos detalle y postal e intrépida acción, empujando al espectador a vivir esa sensación de ir a toda velocidad por el hielo sobre filosos patines. Y es tan hermoso y rico el trabajo logrado en los contrastes, que los aristócratas y sus costumbres chocan con el sufrimiento de una clase oprimida que acabará unos años más tarde revelándose contra el sistema.

La guinda del pastel

Obvio que esta aventura no estaría completa sin que hubiera un triángulo amoroso, con un rival por el amor de Alisa no solo atractivo, poderoso e inteligente, sino también obstinado. Además, se solapan en la trama situaciones como el deseo ferviente de Alisa de ir a la universidad en un época en la que la mujer era un accesorio o adorno; la represión ante el inminente abuso de poder y posición política y social demanda por el ejército y los ricos, así como las dificultades de la juventud sin estudios para acceder al mercado laboral, empujando a muchos a vivir la vida al margen de la ley.

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En la cinta Matvey, de 18 años, pierde su empleo como repartidor en una panadería local. Es hijo de un farolero y se unirá a una pandilla de carteristas que espera un cambio social anclado en la revolución. El prolongado invierno de San Petersburgo complica las situaciones y hace que la desesperación por ayudar a su padre enfermo obligue a Matvey a tomar el camino equivocado. Al hacerlo conocerá a Alisa.

El argumento se engrana con una banda sonora rica y hermosa original de Guy Farley.

 

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