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Pasito pa’trás

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Foto: www.missvenezuela.com
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Resta saber si es una decisión definitiva o algo coyuntural, pero la información difundida esta semana por la cuenta @mvlanuevaera da mucho que pensar. Según lo publicado en Instagram, el próximo 16 de diciembre, regresará el desfile en traje de baño al Miss Mundo, con lo cual se reabre el debate en cuanto al giro que han pretendido darle a los concursos de belleza.

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La mayor curiosidad que se desprende de tal recule está relacionada con el motivo. Si algo está claro, es que la presidenta del certamen londinense, Julia Morley, es una empresaria con todas las letras. Basta revisar los cuadros de semifinalistas e incluso a las ganadoras de los últimos años, para comprobar que suelen responder a afinidades geopolíticas o intereses económicos. Ella, además, ha sido una de las abanderadas en la “intelectualización” de este tipo de eventos.

Entonces, ¿por qué después de haber eliminado la competencia en traje de baño acepta rescatarla? ¿Sería una exigencia de los productores boricuas, atendiendo a la sensualidad que caracteriza a la isla del encanto, sede de la próxima elección? ¿Constataría que su concurso cada año es más aburrido, que esto merma la audiencia y, por ende, el interés de las televisoras por pagar los derechos de transmisión?

¿Comprobaría que las reinas más recientes no mueven la caja registradora como sucedía otrora, exceptuando el paréntesis vinculado con la pandemia? ¿Se daría cuenta de que cada vez proliferan más este tipo de eventos que preservan la belleza, sin sacrificar la personalidad u otros aspectos?

Ojalá haya comprendido que, más allá del negocio y de algunas posturas feministas, un concurso de belleza es una oportunidad para las chicas que, siendo mayores de edad y ejerciendo su libre albedrío, deciden participar, porque “lo soñaron desde chiquitas”, “quieren llevar el tricolor en el pecho”, “esperan representar a su país en el exterior”, “buscan una tribuna”, “aprovechan las relaciones” o porque simplemente les da la gana. Y no hay nada malo en ello.

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Y ojalá también que esta vuelta atrás haga reflexionar a quienes han distorsionado la esencia de los certámenes, con discursos de empoderamiento, de impacto social y de que “eres más que una medida”, que son válidos y valiosos, pero como complementos y no como prioridades de una reina de belleza. Porque lo lógico sería que se dedicaran a organizar debates sobre temas de actualidad y no actividades en las que el físico debería ocupar un sitial de honor.

Afortunadamente, en la próxima edición de Miss Mundo habrá una venezolana, Alejandra Conde, que puede tomar un micrófono para comunicar y también desprenderse de su vestido para mostrar un cuerpo proporcionado.

 

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