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No basta

Foto: IG @mariangeelva
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Ya puede decirse que la transición entre la presidencia de Osmel Sousa y la instalación del Comité Ejecutivo de la Organización Miss Venezuela terminó. Al cabo de tres años de haberse producido el cambio, está en marcha una nueva etapa que debe ser aceptada, porque debía ocurrir más tarde o más temprano, ya que la eternidad no cuenta entre los atributos de los seres humanos (evaluar la manera en que sucedieron los acontecimientos es otro asunto).

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Es válida la nostalgia, no podría ser de otra forma. Igual que el permanente reconocimiento al zar, pero la realidad es que el hacedor de reinas se encuentra en otros derroteros y las riendas del certamen más longevo del país están en manos de Nina Sicilia, Jacqueline Aguilera y Gabriela Isler.

Frente a la reciente participación de Mariángel Villasmil en Miss Universo 2020, en el que no logró acceder al cuadro de semifinalistas, poco hay que reclamar al triunvirato, a pesar del guayabo colectivo de quienes están acostumbrados a que la venezolana pelee duro por la corona.

Aunque con algún traspié, como en el desfile en traje de fantasía, la representante criolla hizo un trabajo adecuado dentro de un grupo muy competitivo, en el que abundaban mujeres hermosas, preparadas y arrolladoras. Este año, en particular, la subjetividad jugaba un papel protagónico, algo reflejado en la ausencia de consenso de favoritas entre los conocedores del tema.

Insistencia: no hay reclamo al comité, pero es de esperar que haya una reunión para revisar lo que sucedió, para analizar las debilidades de la zuliana y para chequear las fortalezas de las triunfadoras, en fin, para detectar los errores y evitarlos en el futuro.

Un dato llamativo: durante la transmisión del certamen estadounidense por TNT, la traductora insistió en que “este es un concurso de energía”, palabras que dan pista sobre un factor importante en los tiempos que corren.

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No hay duda de que Nina, Jacqueline y Gabriela cuentan con valiosas herramientas gerenciales. Además, las tres saben cómo se bate el cobre en los concursos internacionales. Es verdad que han cambiado los parámetros y que hay un nuevo concepto de belleza al que han sido incorporadas la personalidad y las vivencias individuales, pero las tres son mujeres vigentes en el siglo XXI y ese es un elemento válido para darles un voto de confianza.

Sería injusto pretender hacer leña del árbol caído. Todavía están pendientes las participaciones de Alejandra Conde e Isber Parra en Miss Mundo y Miss Internacional, respectivamente. A finales de año, habrá chance de hacer un balance adecuado de la gestión. Por ahora, queda claro que ser bonita no basta para ganar una corona.

 

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