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«Mortal Kombat»: el típico filme de golpes que acaba noqueándote

Foto: Cortesía Warner Bros.
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La tercera adaptación a la pantalla del violento videojuego de los 90 «Mortal Kombat» llega para contar poco. Guerreros torpes, chistes malos, historias previsibles, poca sorpresa, aquí hay de todo eso y en exceso. El prólogo ya advierte que la estrategia de machacar con golpes bruscos la historias se repetirá por una hora 50 minutos hasta pulverizarla.

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En el recorrido seguimos a un huérfano, de no se sabe qué época o tiempo, que al crecer deberá descubrir un poder que le acompaña por generaciones ancestrales. Nace con él la primera interrogante ¿cómo es que el patrón del huérfano se extendió por siglos? y ¿por qué el protagonista también era huérfano si estaba a unas cuántas generaciones del bebé que rescatan en el prólogo?

Olvidando por un momento este asunto, la película intenta envolver al espectador en una aventura que se desarrolla en la Tierra y otro planeta que ha ganado con trampa en varias ocasiones esta lucha mortal que conecta a los guerreros. Se abre una brecha de dudas en torno a quiénes son los jueces del combate, dado que el líder del equipo contrario teme ser descubierto de hacer trampa. ¿Pero descubierto por quién? Él quiere acabar con todos los guerreros posibles para adjudicarse la victoria y, en este caso, el control de la Tierra. ¿Entonces no hay premio y lucha real más que la ambición de un caprichoso?

Solo hay cinco candidatos a defender a la humanidad, tres de ellos sin tener idea cuáles son sus poderes especiales. De carrera vemos cómo su vago entrenamiento y superficial entendimiento de todo los hace alcanzar ese don especial. También cómo en nada logran dominarlo frente a adversarios milenarios. Apenas hay conflicto interior y motivaciones de los personajes. De hecho, las cosas pasan porque sí.

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Con las dudas alborotadas y en constante ebullición, producto de un guion lleno de baches, el espectador tiene dos opciones: asumir que no hay nada relevante que ver más allá de las batallas y atragantarse de sangre o enfrentarse al reto de permanecer sentado hasta el final. Eso sí, si uno de los golpes no lo alcanza antes y lo hace quedarse dormido o tomar el control remoto y «hasta la vista Baby».

Las actuaciones son muy pobres y hay decorados que lucen realmente artificiales. Solo se salva el Dios del rayo, que sale y entra embutido en magistrales efectos especiales que, puede, salven la patria. Simon McQuoid dirige «Mortal Kombat» con intención de más.

 

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