Mala nota

Más allá de la contundencia que tiene el lema “No es no”, adoptado como estandarte por algunos movimientos feministas del mundo, el tema de la violencia de género incluye otro aspecto que trasciende el consentimiento de la víctima: la minoría de edad, el cual ha sido punto de partida de un escándalo sexual prolífico en denuncias hacia músicos venezolanos que ha abarcado otros ámbitos como el teatro, los medios y la literatura.

Antes de continuar y para evitar malas interpretaciones, hay que dejar claro el rechazo rotundo a cualquier tipo de violación, vejación, abuso, acoso o estupro, fundamentado en posición de poder o superioridad etaria que representa un ventajismo frente a la vulnerabilidad de quienes se encuentran en el otro lado de la ecuación. La víctima siempre será la víctima, independientemente de las circunstancias. Y eso no admite objeciones ni condicionantes.

Sin embargo, al margen de las acciones judiciales que surjan sobre lo sucedido y que deberían ser ejemplarizantes, es conveniente hacer algunos apuntes en procura de buscar soluciones que eviten la ocurrencia de nuevas historias cargadas de dolor y traumas.

Falla la educación, entendiendo que ésta es una tarea conjunta de escuela, familia, medios de comunicación, iglesia y Estado. Cada actor debería aplicar la autocrítica y determinar lo que está haciendo mal para enmendar la plana, partiendo de una realidad innegable: la actividad sexual comienza cada vez más temprano y hay que saber cómo guiar tanto a las chicas como a los chicos para que la ejerzan de forma saludable sin irrespetar al prójimo.

También hay que sembrar con insistencia la idea de que el cuerpo es propio y nadie tiene derecho sobre él más que uno mismo. Además de aportar seguridad individual, tal convicción permite detectar conductas inadecuadas y aporta herramientas para evadir situaciones de peligro.

La enseñanza debe incluir un aspecto fundamental: comunicación, para normalizar la denuncia sin sentimiento de culpabilidad y para que quienes cuentan con los recursos adecuados frenen a los depredadores.

El escándalo desatado no cambiará lo que han vivido las víctimas. Tampoco lo harán las disculpas, los procedimientos judiciales, los linchamientos públicos ni los castigos éticos. Pero ojalá se convierta en el punto de inflexión para avanzar hacia una sociedad libre de machismo y cautiva de igualdad. El primer paso es crear conciencia sobre aquello que resulta inadmisible en pleno siglo XXI. El segundo es la unión para compartir un proyecto de futuro que rescate valores básicos. Y el tercero es entender que cada quien tiene una misión para sanear la convivencia. No es no, a menos que, por consenso, se cambien los adverbios.

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