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Los penachos de los vilashpipol

Foto: Cortesía Casablanca Records
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Guste más o menos, no puede negarse que Village People marcó un momento importante en la música pop de los 70 y parte de los 80. La irrupción de seis hombres vestidos de maneras peculiares (un patotero, un obrero, un policía, un marino, un cowboy y un motoclista) mientras cantaban temas como «Macho Men», se hizo fiebre.

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Nada como cuando el «Y.M.C.A.» pegó. Considerado, por muchos como el primer himno gay, en tiempos cuando era complicado hablar de ciertos temas considerados tabú, aún ahora, 43 años después, sigue siendo uno de los favoritos en el mundo. ¿Quién no ha hecho, aunque sea una vez, la coreografía, aunque sea perdiéndose en el diseño de las letras?

Y si eso es ahora, hace unos veintitantos, era todo un desafío verlos en vivo. Y así llegaron a Venezuela para hacer un par de presentaciones en una discoteca caraqueña. Y como era costumbre, encontrarse con la prensa.

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La cita fue en el hotel Caracas Hilton. Pasó media hora de espera. Una hora, dos. Y nada que aparecían los vilashpipol. La jefa de prensa de la ocasión, una veterana periodista que trabajó en medios, sabía que los ánimos podían caldearse. Pedía paciencia, repartía café y los CDs, donde la imagen de cada uno de los “cantantes” con sus atuendos de batalla recordaba quiénes eran.

A las dos horas y media de espera no hubo paciencia. Hasta ella misma empezó a atizar la candela y empezó a pedirle a los periodistas susurrando que se fueran. Que no esperaran más…. Porque Felipe, el que se viste de indio, no lograba calzar el plumero. Así como lo cuento. Esa era la razón de la demora. Todo el mundo empezó a salir y en el lobby muchos nos cruzamos con los artistas. A lo lejos, destacaba el penacho de Felipe… ya casi eran tres horas de retraso y aún no estaba listo.

 

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