Para los venezolanos, el mes de octubre “huele a Navidad”, de acuerdo a lo decretado por el presidente de la República, Nicolás Maduro. En consecuencia, y en fiel obediencia al mandato, desde el pasado sábado 1° de octubre se inició el bullicio comercial en todo el país, y en las distintas emisoras de radio comenzó la gaita a competir con el reguetón por su sitial de honor en la preferencia popular.
Musicalmente, ese encuentro –tempranero- con la Navidad “desempolva” una inmensa colección de aguinaldos que hablan de esos cantos de iglesia dedicados al Niño Dios, que luego agarraron la calle para convertirse en una expresión en los tonos de protesta, cargada de diferentes matices que el zuliano llamó “gaita”. Este género ,que evolucionó en una parranda festiva mezclada con ritmos caribeños, es considerado por el Estado venezolano un Bien Patrimonial de Interés Cultural y Artístico del país desde 2014.
De tal forma, la cultura zuliana “revive” en todo el país importantes personajes y fechas vinculadas al elemento festivo y sacro que encierra la Navidad. Recordamos entonces las festividades en honor a la Virgen de la Chiquinquirá, venerada como “La Chinita” y celebrada a lo grande cada 18 de noviembre entre rezos y gaitas.
Ese “adelanto” de la Navidad nos acerca al nacimiento del Niño Dios, la visita de “Santa”, los Reyes Magos, la llegada de un nuevo año y los olores y sabores propios de la cocina venezolana. Y es allí donde hace presencia su majestad, “la hallaca”, nuestra incomparable “multisápida” infaltable en los hogares venezolanos.
También desfilan por nuestra mesa, el pernil, el pan de jamón, la ensalada de gallina, el dulce de lechosa; y como dice Gualberto Ibarreto: “y la botellita ‘e ron que no debe de faltar”.
