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La visita de los Guns

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Foto: cortesía IG @gunsnroses
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El 25 de noviembre de 1992 Caracas se preparaba para ver el concierto que, hasta ese momento, era el más importante que se vería en su suelo. Y, como los empresarios sabían que el artista era éxito seguro, quisieron experimentar una nueva locación. Así como lo cuento.

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Guns n’ Roses estaba en su mejor momento. De «Sweet child of mine» hasta «November Rain» todo lo que sacaban lo pegaban. En las radios, en los fanáticos, en todos lados. Su líder, Axl Rose, además de ser muy guapo, estaba casado con una de las top models del momento, Jane Seymour. El video de «November Rain» (en el que además de salir ella, estaba Elton John en el piano) era el más exitoso de MTV.

Con todo eso a cuestas, era lógico que ese show sería, por lo debajito, un lleno que merecía algo más grande que el Poliedro. 12 mil personas, a máxima capacidad, no era suficiente ni para pagar el caché del grupo ni para atender la demanda. Y así fue.

El estacionamiento del Poliedro fue la opción. Ahí se montó la tarima, se pusieron unos separadores para evitar problemas. Se contrató seguridad privada y también oficial. Llegó el momento y, oficialmente, se reconoció que se habían vendido 45 mil entradas. Sin duda la mejor taquilla no solo para la época, sino en la historia de los conciertos en Venezuela.

Llegó la hora y a Er Conde del Guácharo le tocó salir como compensación. Era obligatorio en la IV que por cada artista internacional, hubiera uno nacional. Pero el tema es que los Guns no querían que nadie le tocara sus equipos ni su sonido, ni su cónsola ni nada. Por eso los empresarios buscar a Benajím Rausseo, quien tuvo la misión de tratar de conquistar al público con sus chistes. En la medida de las circunstancias, lo logró.

A la prensa la ubicaron en la tarima del sonido. “Aquí estarán seguros”. Unos más atrevidos que otros bajaron a explorar el terreno para darse cuenta de la infinidad de peleas, reyertas y problemas que hubo y que nadie impidió. Otros solo dieron una vuelta de reconocimiento y se quedaron quietos hasta el final.

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Ya muy entrada la madrugada, finalmente el espectáculo terminó. La gente feliz de ver al grupo del momento. A la salida, como siempre ocurre, quedaba el 1% del personal de seguridad, tanto público como privado; las colas eran infernales. Pero esta lo fue, aún, más. Lamentablemente, una persona que salía a toda velocidad impactó contra una de las columnas y murió. Hubo que esperar todos los protocolos forenses. Literalmente, horas para salir.

El grupo se fue para Colombia y la tarima, que viajaba con ellos al igual que los instrumentos, lo harían al día siguiente. El 26 de noviembre en la noche cuando todo estaba a punto de partir, comenzaron los rumores. Así como lo cuento. Un nuevo golpe de estado, el segundo en el mismo año, se consumaba. Todo amaneció convulsionado. Se cerraron vías y, por supuesto, aeropuertos. Guns n’ Roses no pudo recibir su carga en Bogotá. 

 

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