Publicidad

La vida de Delia Fiallo también fue un culebrón

Delia Fiallo
Foto: AP
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

Líneas, muchas líneas, merece la escritora cubana Delia Fiallo. Por su aporte a la consolidación del género melodramático, por su contribución a la expansión de la industria nacional y por sembrar recuerdos en generaciones que solo tuvieron acceso a cuatro canales de televisión, cuando las transmisiones cesaban a la medianoche.

Publicidad

Su incuestionable valor, aunque ninguneado por quienes han visto sus creaciones por encima del hombro, es tangible a través de la cantidad de reacciones producidas por la noticia de su deceso, el pasado 29 de junio. Y por el espacio que le han dedicado medios tanto de habla hispana como sajona, identificándola como “la madre de las telenovelas”.

Venezuela ocupa un lugar imprescindible en la biografía de la autora. Primero en Venevisión y luego en Rctv, encontró las plataformas para lograr el éxito que la convirtió en leyenda.

Como la vida misma

La propia vida de Fiallo tiene elementos de culebrón, empezando por su nombre: Delia María de los Milagros. Fue hija única de un médico y una mujer ultraconservadora. Aunque capitalina de nacimiento, creció en un entorno rural. En 1948, tras obtener el doctorado en Filosofía y Letras y ganar el Premio Internacional de Cuentos Hernández Cata, recibió una propuesta para trabajar en radio. La primera historia fue rechazada, pero la segunda marcó su futuro, cuando se sentó a negociar con el gerente de la emisora Bernardo Pascual.

El flechazo derivó en escándalo. Él estaba casado con una mujer mayor y ella con un hombre menor, con quien tenía una hija. Pasada la tormenta, llegaron los primeros éxitos hasta que la dictadura de Fulgencio Batista los dejó sin trabajo. La situación no mejoró con la llegada de Fidel Castro y se sumaron al plan Vuelos de Libertad, acordado por los gobiernos cubano y estadounidense. La familia llegó a Miami el 23 de diciembre de 1966.

Delia comenzó a tocar puertas. El ejecutivo Enrique Cuscó le abrió las de VV, donde nació “Lucecita”, para la cual escogió a Marina Baura y José Bardina. A partir de ese lejano 1967 todo cambió.

La escritora creó alrededor de 15 historias, pero hay cinco a destacar: “Esmeralda” (1972), primera telenovela venezolana vendida en el exterior; “Rafaela” (1977), mostró los prejuicios hacia la mujer en el ejercicio de la medicina; “Leonela” (1984), rompió el estereotipo de la protagonista virginal al hacerla víctima de una violación en el primer capítulo; “Cristal” (1986), boom internacional que causó el aumento de pruebas de despistaje de cáncer mamario en España; y “Kassandra” (1992), récord Guinness como la telenovela vendida a mayor número de países (126) y cuya transmisión produjo treguas en la guerra de Bosnia, para ver cada capítulo.

Cómo fue

Café, cigarrillos y máquina de escribir Adler. Eso era lo que requería Delia Fiallo para escribir cada capítulo, de 35 cuartillas. No había dialoguistas y ella creaba las líneas de cada personaje.

Publicidad

Con el trabajo realizado, corría al aeropuerto para convencer a algún viajero con destino a Maiquetía, de que transportara el sobre. Si fallaba, había que dictar por teléfono. No había fax ni internet.

Así creó sus primeras historias y logró establecer a su familia de cinco hijos, quienes la sobreviven junto a 13 nietos y un bisnieto. No publicó sus memorias, aunque las había titulado: “Cómo fue, no sé decirte cómo fue”, en honor al bolero que musicalizó su historia de amor con Bernardo Pascual.

 

ENLACES PATROCINADOS

Publicidad
Publicidad