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La sonrisa de la Pantoja

Pantoja
Foto: Instagram @isabel_pantoja_martin

La discreción en sus declaraciones en Venezuela marcó las visitas de Isabel Pantoja al país. En los 80 y parte de los 90, la tonadillera española era visitante constante de los escenarios nacionales. Ya cuando retomó su carrera luego de la muerte de su esposo, el torero Francisco Rivera, “Paquirri”; la Pantoja, así como lo cuento, reducía lo mínimo sus encuentros con los periodistas.

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Normalmente, eran lo que ahora se llaman cara a cara y con ciertas condiciones. Pocos eran los periodistas que lográbamos entrevistarla en la suite del hotel cinco estrellas de turno. Y eso sí, con la presencia de su mánager; su empresaria en el país y alguna otra persona de su equipo. En parte, era para asegurarse que las preguntas de su vida privada fuesen o inexistentes -cosa difícil de cumplir con algunos- o, por lo menos, respetuosas.

Y, como dice una de sus canciones, así fue. Ya para el momento de la visita a la que refiero era conocida como “La viuda de España”. El disco que le había hecho José Luis Perales y el exitosísimo tema “Marinero de luces” eran un hit en toda Iberoamérica. Con esa estela, vino la Pantoja para cantar en el Teresa Carreño.

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Recibió uno por uno a los periodistas seleccionados en ese momento en su suite. Vestida deportivamente, con un mono blanco de lunares (creo); el cabello recogido en una cola y sentada con las piernas cruzadas en el sofá. Nadie había advertido que no habría fotos.

Cuando tocó el turno, y ella vio el fotógrafo, abrió los ojos lo más que pudo. Eso fue suficiente para que su equipo pidiera que no se hicieran tomas. Así como lo cuento, con una sincronía total (no sé si ensayada), casi todos saltaron al mismo tiempo. Isabel Pantoja no perdió la sonrisa en ningún momento. Desde el sofá vio todo, se volteó y comenzó a responder. Lo que quiso, claro. 

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