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La otra cara de Julio Iglesias

Foto: AFP
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Son muchos los memes que en este mes se hacen con Julio Iglesias. Aunque los mismos tienen mucho tiempo, no se sabe si al cantante el humor de sus seguidores le molesta o le gusta. Hasta el momento nada se ha informado sobre su opinión. ¿Pero realmente el cantante tendrá tan buen sentido del humor? Así como lo cuento.

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Iglesias está considerado como el más grande intérprete latino. Es quien más discos ha vendido; quien más conciertos ha dado en todo el mundo; quien más ha grabado en otros idiomas. Tal vez los reguetoneros puedan decir que no, pero los recién llegados deben tener en cuenta de que el español tiene una carrera de cinco décadas. Cuando ellos la tengan, entonces se tendrá esa conversación.

Mientras tanto, tener tantos privilegios lo llena de aureola. De alfombras rojas y de que no cualquiera puede estar con él en la misma habitación para hablarle al intérprete de «Ni te tengo ni te olvido«. Solo los escogidos. Y así fue en la última rueda de prensa a finales de los 90 que dio en Venezuela.

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Antes de que comenzara el encuentro se advirtió que no se le podía tomar fotos de frente ni de lado (honestamente no recuerdo cuál era), porque “al artista solo le gusta uno”. Durante la espera esto se advirtió en varias ocasiones. Se repartieron CDs que estaba promoviendo en esa oportunidad y justo cuando entraba al salón se hizo la última advertencia: “Ya saben”.

Entró Julio sonriente, saludando, sobre todo de manera especial al querido colega fallecido Iván Martínez-Urbina de quien era muy amigo. Se sentó y en lo que comenzaron las cámaras a sonar también lo hizo la refriega. Iglesias venía desconcertado, y cuando casi la cosa amenazaba con llegar a mayores, intervino. Le explicaron lo del lado de su cara. “¿Quién ha dicho eso? Me pueden hacer las fotos que queráis. Tomar el lado que queráis. De arriba, de abajo. Vamos” y a partir de ahí todo fue un encuentro amable… hasta, así como lo cuento, el final. Cuando terminó se armó el bululú tradicional mientras Julio Iglesias salía. Amenizado por un grito de una periodista que, subida a una silla del hotel cinco estrellas, comenzó a gritar: “¿Quién se robó mi CD? Por favor, devuélvanmelo”. Qué pena con la visita.

 

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