Publicidad

“La mujer en la ventana”: tan aburrida como su aislamiento

Foto: Cortesía Netflix
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email

No voy a ser condescendiente. La verdad, no puedo. Esperaba tanto del director y de su elenco que he llegado al final de la película, más por respeto que por ganas. Y es que “La mujer en la ventana” fue una tortura similar a la vida que su protagonista experimenta encerrada en cuatro paredes.

Publicidad

Diluida y nauseabunda, la más reciente película de Joe Wright, protagonizada por Amy Adams, no atrapa ni sorprende. Es más, parece una mala copia de otras como “La ventana indescrita” (1954) o “Copycat” (1995).

No entiendo cómo un director como Wright, capaz de crear joyas como “Orgullo y prejuicio” (2005), “Atonement” (2007), “Hanna” (2011) y “Anna Karenina” (2012), nos torture con su intento de thriller psicológico. Quizás la historia no era lo suficientemente interesante y novedosa, quizás el guion no era bueno. Pese a ello, la película se ubica en el primer lugar de Netflix Venezuela como la más vista por estos días.

En un solo chisme

Basada en la novela homónima de A.J. Finn (2018) seguimos el drama de vida de Anna Fox, una psicóloga infantil que intenta superar varias situaciones. Ansiedad, depresión, agorafobia, indiscreción, soledad, alcoholismo, tristeza, esta mujer está hecha un caos.

Su mundo se ha reducido a la enorme casona que habita en Manhattan (Nueva York) y desde allí somos testigos de su aburrida rutina. Además de pasar el día pegada a una copa de vino, con la misma pijama y atendiendo a un gato, a esta señora le encanta imaginarse la vida de quienes habitan su barrio. Lo hace pegada a la ventana. En lugar de buscar oficio esta mujer no tiende ni la cama.

Su exesposo y su hija supuestamente viven en otra ciudad. Y en su aislamiento voluntario Anna solo recibe la visita de su psiquiatra y de su inquilino David, quien vive en el bajo de la edificación.

De golpe y porrazo la mujer, que parecía desconfiar hasta de su sombra, decide abrirle la puerta a una familia que se muda a la residencia que está justo en frente de su casa. Allí empieza a tambalearse más su vida y la nuestra, pues empieza a caerse a pedazos la película.

Obsesionada con espiar y empeñada en que tiene que hacer justicia, Anna empezará a vivir la vida de sus vecinos en lugar de la propia. Y se va, lejos muy lejos, pues resulta que los nuevos inquilinos tienen unos problemas más grandes que los de ella y, cuando vienes a ver, estás tan agobiado con todo que ya quieres apagarlo e irte a dormir.

Publicidad

El suspenso se alimenta de las supuestas alucinaciones que podría estar experimentando la doña a partir de los medicamentos que consume, aunque muy poco la veamos realmente medicarse. Borracha sí puede que esté, pero drogada no. Los giros argumentales se vuelven torpes y absurdos.

Una lástima que se desperdiciara a un elenco como este, con Adams a la cabeza. Veremos en escena a Wyatt Russell (“Overlord”) como David; a Fred Hechinger (“Noticias del gran mundo”) como Ethan Russell el hijo de los nuevos vecinos; al gran Gary Oldman (“Drácula”) en la piel Alistair Russell; y junto a ellos a Julianne Moore (“Las horas”), Brian Tyree Henry (“Joker”) y Anthony Mackie (“Million Dollar Baby”).

 

ENLACES PATROCINADOS

Publicidad
Publicidad