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La gran tarea

osmariel
Foto: cortesía IG @osmariel
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Imposible contener las lágrimas al leer o escuchar testimonios de afganas sobre el futuro que se avecina para el género femenino, luego de la toma de Kabul por los talibanes. Las 29 prohibiciones a las mujeres establecidas por el nuevo régimen, que van desde mutilación por llevar las uñas pintadas hasta imposibilidad de recibir algún tipo de educación y supeditación total a la figura masculina, convierten en una verdadera tragedia lo ocurrido el domingo pasado en Oriente Medio.

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Increíble, además, que eso suceda en pleno siglo XXI, cuando las sociedades del mundo deberían agotar esfuerzos, porque se respeten y multipliquen los avances que se han producido en materia de derechos humanos, a pesar de que todavía hay mucho camino por recorrer, incluso, en los países occidentales, donde la violencia de género constituye un severo problema, con alarmantes cifras diarias de víctimas.

Por ello es importante el paso que dio la animadora venezolana Osmariel Villalobos hace seis días. Usó su cuenta en Instagram para relatar el episodio que vivió con su pareja, el empresario mexicano Germán Rosete, a quien descubrió besándose con otra mujer, mientras estaban en una discoteca española.

Durante la discusión, hubo maltrato “emocional, verbal y físico”, ya que, según la narración, el hombre le rasgó el vestido, dejándola desnuda en la entrada del local. Cuando logró cubrirse con los restos de tela, el agresor repitió la acción en el mismo lugar y, luego, en la entrada del hotel donde permanecían hospedados. Es de suponer que sobran testigos capaces de confirmar lo expuesto por la exmiss, quien aseguró que decidió compartir lo vivido, para motivar a que otras víctimas no se queden calladas.

Al día siguiente, la zuliana acudió a un centro de salud para que le hicieran un reconocimiento médico y, posteriormente, a un cuartel de policía para poner la denuncia contra su ex. El 17 de agosto, ambas partes acudieron a los tribunales. Al cierre de esta columna no se había producido sentencia.

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Obviamente, el caso de Osmariel Villalobos es una gota frente al océano que representa la situación en Afganistán, que cuenta con un poco más de 38 millones de habitantes. Sin embargo, su valor ilustrativo radica en que si una mujer occidental, bella, profesional, independiente y exitosa, se ve expuesta a ese tipo de experiencias, qué pueden esperar aquellas que son cosificadas por seres enfermizamente fanáticos y, por tanto, irracionales.

Es el momento de que la empatía se convierta en un coro que motive –y presione- a los organismos internacionales correspondientes, para que no abandonen a la población femenina del mencionado país. El fracaso sería una vergüenza histórica.

 

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