En una época, las raíces de Olga Tañón con Venezuela llegaron a ser tan fuertes que hasta consideró la posibilidad de comprarse una casa. Hasta compadres locales tiene la cantante. Es la madrina de bautizo de una de las hijas de uno de los empresarios que se encargó de “pegarla” en el país.
En ese tiempo, “La mujer de fuego” estuvo en dos oportunidades en la dulce espera. Para su tercer hijo, la cantante tenía previsto una serie de conciertos en el teatro Teresa Carreño. Un reto para ella, pues ya venía de presentarse en el Poliedro y en el estadio de béisbol junto a Gilberto Santa Rosa.
Con todas las canciones pegadas, la Tañón –como a ella misma le gusta presentarse- tuvo una rueda de prensa en el teatro La Campiña. Eran pocos los medios que fueron convocados, básicamente los impresos, por cuanto ella tenía exclusividad con Radio Caracas Televisión. Eran tiempos de competencia dura y fuerte, en la cual los canales por esa presencia se bajaban fuertemente en dólares. No era promoción, sino trabajo pagado. Entonces, el celo hacia sus artistas era grande. Hasta en la cuña de Navidad de un diciembre le permitió eso participar.
Desde que se supo de los conciertos, las aves de mal agüero no tardaron en pronosticar que se suspenderían. ¿La razón? El embarazo de la Tañón. Principalmente, por la energía que la boricua le imprime a sus shows. En los que no solo canta, sino que baila, brinca, se menea y pasea por todo el escenario, conjuntamente con músicos y bailarines.
“Yo no tengo embarazada la garganta” fue lo que respondió, así como lo cuento, a la primera pregunta que le hicieron en ese momento. La misma cuestionaba su gravidez con el riesgo que podía implicar la puesta en escena. Y así lo demostró cuando llegó la hora. Olga Tañón no solo cantó, sino que bailó y hasta pegó uno que otro brinquito en la Ríos Reyna abarrotada. Y, para más, entaconada.
