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La farándula y el periodismo

Farándula
Foto: Archivo- EFE
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El día del periodista siempre es motivo para celebrar. Una profesión que ha sido golpeada, mancillada en ocasiones, pero que a la mayoría de quienes la ejercemos nos deja esa satisfacción de hacerla digna, respetuosa y profesional.

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No obstante, la fuente de espectáculos siempre ha sido señalada. Incluso, por muchos colegas. Se cree que es una fuente fácil; que cualquiera la puede cubrir (por aquello de que a todo el mundo le gustan los artistas) e históricamente se le menosprecia, porque las informaciones son solo chismes. “Ollas” como se le conoce en el argot.

Y eso es algo contra lo que, durante una buena parte de mis comienzos, luché. Sobre todo, para reivindicar el chisme. ¿Cuándo se dice “extraoficialmente se conoció”, “se rumora”, “fuentes que no quieren identificarse” no es una manera elegante y rimbombante de decir chisme? Solo el día que lo entendí dejé de molestarme porque me acusaban (y todavía) de chismosa y de metiche (por aquello de la vida privada, que, ciertamente, en ninguna otra fuente es privilegiada como en la de espectáculos).

Asimismo, nunca faltan aquellos que dicen: “es que como tú eres de farándula”, dando a entender que especializase en una fuente como esta le quita  a uno las neuronas, la capacidad de raciocinio, de análisis y de opinar sobre otros temas. Cuando, en realidad, el periodismo solo se divide, como lo dicen los grandes músicos sobre su área, en el bueno y en el malo.

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No importa lo letrado, lo culto, lo idealizada de una fuente. Si no se tiene el olfato, la capacidad de transmitir el mensaje de una forma clara pero contundente a los lectores; no se hará un buen trabajo en ninguna área del periodismo. Ni de ninguna profesión.

La farándula, término que algunos utilizan como un término peyorativo, le gusta a todo el mundo. Lo que sucede es que por ese mismo prurito pocos lo reconocen. A mí fue ella la que me consiguió sin yo buscarla; porque he de admitir que también tenía mis reservas durante mi formación universitaria. Pero el día que la conocí no solo aprendí (y sigo aprendiendo), sino que aprendí a quererla, a entenderla y a defenderla. Y, gracias a ella, celebro un año más del día del periodista.

 

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