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La despedida

Ulises Capella, padre de Dave Capella, falleció hace seis días también a causa del virus. Su madre había sido internada tras contraer la enfermedad, pero ahora se recupera en su casa. Foto: IG @davecapella
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El desenlace no pudo ser peor. La noticia del fallecimiento del animador venezolano Dave Capella conmocionó al medio artístico, el domingo 28 de marzo. A la desaparición física de una figura en plena ebullición profesional que no pudo sobrevivir al diabólico coronavirus, se sumó un manto de reproches por el tratamiento que algunos dieron a la noticia de su enfermedad.

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Muchos dedos apuntaron directamente a los comunicadores Jean Mary Curro y Álex Goncalves, quienes cuestionaron la veracidad de la campaña de recaudación puesta en marcha para cubrir los gastos médicos del joven y de su madre, Alicia Anjoul. Sin embargo, para hacer justicia, hay que recordar que todo comenzó en cuentas anónimas de Instagram que calificaron de estafa la iniciativa benéfica.

El dúo Curro-Goncalves se hizo eco, lo cual no los exime de la responsabilidad con que trataron el tema, pero sí indica el camino que debería seguirse desde las instancias públicas si la intención es evitar que ocurran hechos similares en el futuro. Aunque la investigación sea más engorrosa, la génesis, como se señaló en este mismo espacio el 6 de marzo, está en la impunidad con que se escribe cualquier cosa sin dar la cara, sin revelar la identidad.

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Con consecuencias terribles, como es el caso de Dave. La recaudación se paralizó en 8.200 dólares, cuando el objetivo era de 40.000. Ahora, además de superar el dolor que significa la pérdida de dos miembros en una semana, la familia Capella Anjoul debe enfrentar las deudas. Puede parecer una frivolidad o un asunto menor, pero no lo es, porque compromete el futuro económico de la madre y de los hermanos (Karoline y Ulises Jr.) del animador.

Para hacerse una idea del monto hay que considerar: 12 días de hospitalización de Alicia, desde el 28 de febrero hasta el 10 de marzo; 22 días de permanencia en terapia intensiva con ventilador de Ulises, desde el 1° hasta el 22 de marzo; un mes de hospitalización de Dave, desde el 28 de febrero hasta el 28 de marzo; más los gastos funerarios de dos personas. Imposible sacar la cuenta desde esta tribuna, aunque, a priori, 40.000 dólares lucen insuficientes en un contexto donde la salud se mueve al ritmo de la hiperinflación. Sin duda, todo el cuadro es una tragedia. Ojalá el caso de Dave Capella deje alguna enseñanza. La más importante sería que con la solidaridad no se juega. Otra, que la labor en los medios (tradicionales o alternativos) no debe ser tóxica. Una cosa es opinar y otra perjudicar. Ya es muy tarde para aplicarlo al animador. En el futuro, no estará Dave. Su despedida resulta especialmente triste, porque su muerte prematura estuvo acompañada por una duda injustificada. Descansa, pana.

 

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