La despedida de Mónica Spear

Los primeros días de enero son siempre “caliches” como se le conoce en el argot periodístico. Al igual que los últimos días del año anterior, normalmente en esta época es muy poco lo que sucede, informativamente hablando. Salvo algún hecho excepcional, hasta la segunda semana, o tal vez la quincena, el mundo noticioso es escaso. Pero, en 2014, así como lo cuento, las redacciones informativas se estremecieron apenas comenzando el año. Mónica Spear era la razón.

No había amanecido el Día de Reyes y la noticia ya circulaba en Twitter, la red social por excelencia de la información. El 6 de enero de 2014, la otrora Miss Venezuela regresaba a Caracas junto a su esposo y su pequeña hija. Fueron emboscados en la vía, obligados a detenerse para cambiar un caucho y unos maleantes en su empeño por robarlos la asesinaron a ella y a su esposo. La pequeña sobrevivió el terrible momento.

Así comenzó la cobertura periodística que no se acabaría sino cuatro días después. Fueron jornadas agotadoras. Primero, para confirmar la información debido no solo a la fecha, sino a que por lo mismo la vocería era poca. Segundo, porque los datos que llegaban desde Carabobo, donde ocurrió el suceso, eran cruzados. Tercero, porque ni su familia imaginó el tamaño del cariño de la gente por la actriz.

Una vez ya los cuerpos de la pareja en Caracas, una pequeña rampa que da acceso a las capillas del Cementerio del Este se convirtió en la oficina de decenas de periodistas, fotógrafos, productores, camarógrafos, directores… durante tres días. Con sus noches. Un enjambre de cables, cámaras y micrófonos lograron conjugarse en armonía durante las extenuantes jornadas. Periodistas de varios países vinieron a cubrir el velorio.

No había paso hacia donde se hacía el velorio de Mónica Spear y Thomas Berry. Así que durante horas se montaba guardia en la rampita a la espera de declaraciones del padre de la exreina de belleza (quien era el vocero de la familia) o de cualquier personalidad que llegara.

Y llegó de todo. Políticos, compañeros actores y actrices, modelos, Misses, escritores, cantantes. Pero sobre todo llegó gente. Mucha gente que obligó a que se extendiera el velatorio y se pospusiera el entierro de la pareja. El viernes 10 de enero de 2014, en medio de cánticos cristianos los ataúdes fueron llevados en hombros hasta su última morada. Se estimó que más de dos mil personas diarias desfilaron por la capilla luctuosa.

Cuando los féretros salieron hacia el terreno, los aplausos sonaron fuerte. Manuel “Coco” Sosa era uno de quienes cargaba el de Mónica. Sus seis guardaespaldas le caminaban cerca. Las decenas de fanáticos que no pudieron entrar acompañaron el momento y se ubicaron en la parte de arriba. Bajo el toldo. Sosa se inclinó y besó el ataúd de Spear. Así como lo cuento quedó registrado para cerrar la extenuante cobertura.  

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