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Joropo llanero

Joropo
Foto: Cortesía Corazón Llanero
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Venezuela es un país inmensamente rico en música, con una extensa variante sonora en la que destaca el joropo en sus distintas formas, manifestaciones y expresiones. Bajo los tonos del arpa,  identificamos al joropo: Llanero, Oriental, Mirandino (también llamado tuyero o central) Larense (conocido como Golpe tocuyano); y un joropo citadino que lucha por mantenerse como “Joropo urbano”. Entonces, somos un país de joropo.

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En ese culto al joropo, entendido como identidad nacional, son infinitas las producciones musicales en distintas generaciones de cultores; e igualmente infinitas son las líneas escritas en igual número de textos y libros. Hoy, dedico estas líneas a un libro que llamó mi atención en la recién finalizada Feria Internacional del Libro de Venezuela (Filven 2021); la que por diez días ofreció puerta abierta al público en los espacios del Palacio Federal Legislativo, Caracas.

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“Joropo llanero… parranda de re-existencia”, de Fidel Barbarito; a quien conocemos por su dedicación y entrega en diversas facetas a la actividad cultural del país. Este libro nos invita a un interesante paseo por el llano, su historia, su música y su gente, fusionado en el canto como expresión de una cultura oral que tiene su epicentro en las parrandas, donde la vida cotidiana se transforma en comuna.

Interesante es la narrativa de un selecto grupo de cultores que le dan vida al joropo y se alimentan de él, -y viceversa-; en un ciclo generacional que mantiene la esencia y pureza de una música, un canto y un baile que tiene vida propia y cual virus ha convertido al hombre llanero en un sujeto “portador” en garantía de su presencia y vigencia a través del tiempo.

 

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