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Rinden tributo a Jim Morrison en su tumba a 50 años de su muerte

jim morrison
Foto: cortesía IG @jimmorrison
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Admiradores de varios países del mundo acudieron este sábado a la tumba del músico y poeta Jim Morrison, en el cementerio parisino de Père Lachaise, para homenajear a este mito y referente del rock, fallecido hace 50 años.

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Las vallas que rodean la sepultura para proteger la intimidad del lugar y evitar que la gente se acerque en exceso fueron testigo a lo largo de la mañana de la llegada de cientos de seguidores, algunos de ellos con camisetas del artista y de su grupo, The Doors. Así lo reseñó EFE.

“Hemos venido para vivir este acontecimiento, no hemos venido a ver París; hemos venido a celebrar el 50 aniversario con Jim Morrison, nuestro ídolo”, explicaron Mamen Langa y Carlos Sánchez, que viajaron desde Barcelona en carro para la ocasión.

Ambos reconocieron que este “sueño” lo tenían pensado hacer desde hace bastante tiempo, también por el 25 aniversario de su muerte, ya que desde muy jóvenes les empezó a “encantar” Morrison. Pero no ha sido hasta que han pasado cinco décadas cuando han decidido cumplirlo definitivamente.

La canción “L. A. Woman”, que se la dedicó a su pareja, Pamela Courson, es una de las que destacó Langa, aunque admitió que todas tienen algo especial por lo mensajes que transmitió en aquella época.

“Ha sido un referente tanto personal como musicalmente”, dijo Pere Romeu, otro aficionado llegado de Barcelona, que ya estuvo hace dos años en el cementerio y que hoy quiso repetir para compartir el recuerdo de la voz de los Doors en compañía.

“Una vida corta pero intensa”, señaló en relación a su ídolo Romeu, que reconoció que todavía se le ponen los pelos de punta cuando escucha canciones como “Riders on the Storm”, de su álbum “L. A. Woman”, “uno de los mejores discos de la historia”.

Primeros años y encuentro con las drogas

La música de Jim Morrison se dejó escuchar a los pies de su tumba en este día de conmemoración que recuerda el fallecimiento del artista en un piso del barrio de Le Marais, en París, donde se había trasladado para intentar dejar atrás su alcoholismo e insuflarse del espíritu artístico de la ciudad.

Jim murió a los 27 años de edad, después de una vida llena de excesos con el alcohol y las drogas, pero también con la música y la poesía.

James Douglas Morrison nació en Melbourne, Florida, el 8 de diciembre de 1943. Su madre fue Clara Virginia Clarke y su padre George Stephen Morrison, un marine que debido a su trabajo obligó a la familia a mudarse con mucha frecuencia: a los 16 años del artista se había mudado 18 veces.

Fue muy cercano a sus hermanos menores Anne y Andy, líder de grupo de los boy scouts y buen estudiante hasta que llegó a la adolescencia: al final del bachillerato todo empezó a cambiar.

“Sentí que me ponían vendas a medida que crecía”, comentó Morrison en una entrevista. “Cuando vas a la escuela, asumes un cierto riesgo. Allí se puede aprender mucho, pero también se puede hacer mucho daño”, agregó el que más tarde se daría a conocer como el “Rey lagarto”.

A los 19 años de edad terminó tras las rejas en Tallahassee, después de hacer una broma en un partido de fútbol mientras estaba borracho, el primer de varios arrestos que tendría en su vida.

Gracias a su afición al cine estudió Artes Teatrales de la UCLA, pero se retiró para seguir su pasión por la poesía y la música. Para la época conoció a Ray Manzarek, cuatro años mayor que él, con quien empieza a hacer música y, más tarde, conformarían juntos la banda que los inmortalizaría: The Doors.

La época, en la que crecía también la cultura hippie, fue propicia para que conociera las drogas. Probó marihuana, peyote y LSD, esta última su favorita.

Jim, el provocador

El nombre de Doors viene de las ganas del joven Jim Morrison de atravesar las “puertas de la percepción”. Con 21 años de edad, se inspiró en el título de un libro del autor Aldous Huxley (famoso por textos distópicos como “Un mundo feliz”) para darle nombre a la banda que conformaría con John Densmore y Robby Krieger como baterista y guitarrista, respectivamente.

En 1967 grabaron su álbum debut, llamado como la banda. Se pueden encontrar en él temas como el clásico “Light My Fire”, una de las referencias del rock hasta nuestros días.

Aunque empezaba a gozar de gran popularidad y se perfilaba como un excelente intérprete, tenía miedo escénico. Incluso, sus primeras presentaciones las hizo dándole la espalda al público.

Fue con las drogas que le hizo frente a la timidez, volviéndose más tarde un experto sobre los escenarios. Biógrafos aluden la superación del nerviosismo, incluso, a que practicaba chamanismo.

Esa fuerza sobre los escenarios lo hace mítico. Increíblemente impredecible para sus compañeros de banda, Morrison se volvió el centro de atención en sus presentaciones y se convirtió en un símbolo sexual, bastante codiciado para hombres y mujeres por igual.

Sus espectáculos nunca fueron todos igual. A veces lucía ataviado de pantalones de cuero negro, bailaba como en trance al ritmo de la banda mientras que entraba en el personaje de chamán. Otras recitaba poesía e improvisaba o en ciertas ocasiones se lanzaba al público sin avisar.

El 9 de diciembre de 1967, The Doors ofreció un concierto en New Haven, Connecticut, que terminó en medio de la confusión cuando Morrison fue detenido por la policía local, convirtiéndose así en el primer cantante de rock en ser arrestado en el escenario durante un concierto.

Todo ocurrió cuando contaba al público que fue sorprendido por un policía teniendo relaciones sexuales con una mujer en un baño. El funcionario lo obligó a parar e identificarse, pues el área era de uso exclusivo de The Doors, a lo que Jim respondió: “Yo soy The Doors”.

Sin creerle, el policía lo roció de gas pimienta y el concierto se retrasó una hora. Ya sobre el escenario, contó: “Les contaré algo que me sucedió hace una hora. Me divertía con una chica, cuando llegó uno de esos cerdos vestidos de azul, ese cerdo me roció los ojos”.

“¡Sí! esos cerdos vestidos de azul, con su sombrero”, continuó, provocando la molestia de un grupo de oficiales que guardaban el orden público en el show. Subieron al escenario y se lo llevaron detenido por incitar a un motín, indecencia y obscenidad pública. Sin embargo, los cargos fueron retirados por falta de pruebas.

El Rey lagarto se metió en muchos problemas

En 1969, ya siendo un adicto al alcohol y las drogas, Jim Morrison dejó guindando varios conciertos a los que no acudió por sus problemas con las sustancias. Ese año, en un concierto en Miami, cruzó una línea que muchos consideraron como un momento de demasiado atrevimiento.

No solo era un rebelde contra las autoridades, sino que en ese evento desvió la agresión hacia sus fanáticos. Completamente borracho, le gritó al público: “Son una bola de idiotas. Son una bola de esclavos”.

Luego, preguntó si querían ver su pene y el público enloqueció. Acto seguido se bajó los pantalones y mostró su ropa interior, pero no pudo seguir porque fue interrumpido por la policía en medio del caos generado por la audiencia.

El FBI intervino y todo terminó en un juicio. Consecuencias: el músico es declarado culpable de exponerse en público y pesa en su contra una condena de trabajos forzados en la cárcel del condado de Dade.

El poeta pagó una fianza de 50 mil dólares y nunca cumplió su condena.

Fin de una vida, principio de una leyenda

Ya sin ganas de seguir sobre los escenarios y con intenciones de darle a su vida un vuelco hacia la poesía, Jim buscó consuelo en más drogas.

Quiso dejar la banda, pero Manzarek lo convence de grabar un sexto álbum, “L.A. Woman”. Tras su grabación, en la primavera de 1971, se retiró junto a su novia de toda la vida, Pamela Courtson, en París.

Tenía graves problemas de salud cuando la madrugada del 3 de julio, su novia lo halló sin vida en la bañera de su apartamento en la capital francesa, tras sufrir un infarto agudo de miocardio.

Desde entonces hay peregrinaciones hacia el cementerio del Père-Lachaise, en París, para rendirle homenaje a uno de los artistas más controversiales de todos los tiempos.

Doors en Venezuela

Doors fue un local nocturno que abrió sus puertas durante varios años. Fanáticos del rock lo visitaban religiosamente para disfrutar de una noche con todos los hierros.

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Fue referencia obligada para los fanáticos de la banda, así como también de la música pesada que no encontraban en otros locales de música más comercial un espacio para pasarla bien.

El lugar brindó un espacio a las bandas de los 90 para presentarse. Se ubicó en la calle Madrid, de Las Mercedes.

 

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