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Jennifer Lopez se muestra obsesiva y obstinada en «Halftime»

Jennifer Lopez Halftime
Foto: Cortesía Netflix

Jennifer Lopez muestra en «Halftime» el ritmo acelerado y casi neurótico de su vida mientras se prepara para cantar en el Super Bowl. Una carrera frenética de hora y media en la que se apilan imágenes, escogidas con pinza, del diario de vida de la cantante durante la preproducción de su show para el medio tiempo de la final de fútbol americano. Contrarreloj y en tono obsesivo descubre, además, que la mujer parece estar siempre vacía a la espera de la aprobación de los críticos pese a haber logrado todo cuanto se ha propuesto.

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La vemos furiosa, desencajada, imponente y, al mismo tiempo, determinada mientras nos vende la idea de que lo único que ha querido, desde que conquistó la fama, es darle valor a los latinos en una nación que los menosprecia. También seguimos cómo pasa de una prueba superficial de vestidos a la decisión de colocar a niños en jaulas en el show de medio tiempo para criticar las políticas de Donald Trump; y cómo luego esa premeditada actuación le abre las puertas de la mismísima Casa Blanca.

Lejos de exhibirse como una mujer normal, Jennifer Lopez descubre el nivel de diva obstinada que la domina. Sí, también se muestra como madre, aunque da a entender que la JLo familiar es menos interesante que la que sueña con conquistar el mundo. Obviamente, «Halftime» se enmarca en las semanas que se está preparando para el Super Bowl, por lo que la presión no parece normal y eso se manifiesta constantemente.

¿Una mujer vacía?

Lopez también descubre su obsesión por estar nominada al Óscar y la decepción que sufre cuando no lo consigue tras creer que su personaje en la película «Hustlers» lo merecía. Esto como si un premio fuera el reconocimiento que necesita para saber que hace las cosas bien (lo que impone la cultura estadounidense). En la carrera por la estatuilla dorada también exhibe su nominación a los Globos de Oro en 2020, como Mejor actriz de reparto, y la tristeza que sufre al perderla.

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Algunas anécdotas de su infancia y la relación con su familia, así como su dedicación al baile por encima del canto, aderezan la trama. Y si bien la crítica al sistema norteamericano se mantiene, al final nos recuerda que es en ese país, precisamente, donde logra sus sueños. Por si fuera poco, a ratos la vemos soltar alguna lágrima mientras se queja de que los medios muchas veces no la tomaron en cuenta como actriz porque se enfocaron en sus relaciones sentimentales. ¿Y de quién fue la culpa?

Un momento interesante es cuando se entera que no cantará sola en el Super Bowl pues compartirá los 14 minutos de espectáculo con Shakira. Desencajada y fuera de sí, la mujer descubre que ella merecía más que nadie esa oportunidad. Además, busca imponerse y exhibe el nivel de competencia personal al que se enfrenta para destacar más que su colega.

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