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Gustavo Dudamel se prepara para enfrentar un nuevo reto

Foto: cortesía IG @gustavodudamel

A los 41 años, en una etapa de «principio de madurez», que tiene que ver con la edad y con lo que está viviendo en París, el venezolano Gustavo Dudamel ha aceptado el reto de dirigir «La flauta mágica», de Mozart, que se podrá ver en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona a partir del 20 de junio, en un montaje del británico David McVicar.

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Dudamel ha considerado un privilegio, además de un placer, regresar al Liceu, entre el 20 de junio y el 2 de julio, para debutar mundialmente con este emblemático título del compositor austriaco, destacó EFE.

Además, en una aclamada producción estrenada en Londres en 2003, en la que se combina el simbolismo de la obra con las formas del cuento de hadas, con animales danzantes, máquinas voladoras y cielos estrellados.

Principio de madurez

Teniendo en cuenta que uno de sus maestros, Claudio Abbado, esperó casi al final de su vida para dirigir «La flauta mágica», cree Dudamel que «los tiempos de esperar para hacer una obra dependen de la línea vital artística que uno lleve».

«Yo no estoy al final de mi vida, sino en una etapa de principio de madurez que tiene que ver con la edad y con lo que estoy viviendo en París. Antes no hubiera aceptado un reto así y después, tampoco», destacó.

Sin embargo, ha dejado claro que Mozart le acompaña «desde siempre» y ha rememorado aquellos días en los que, siendo adolescente, se plantaba ante José Antonio Abreu, su entonces maestro, para comentarle que estaba triste y él le respondía que escuchara a Mozart.

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«Siempre me acompaña en las mañanas, no solo en las más tristes, también en las más complejas, porque siempre me produce emoción y alegría, eleva mi espíritu», dijo Gustavo Dudamel.

Para Dudamel, Mozart «conservó una profunda inocencia hasta el final de sus días, plasmada en su música, en la misma estructura, arquitectónicamente perfecta, siempre en busca de esa frescura, aún con momentos dramáticos, tristes, siempre tiene ese algo, no tanto de ligereza, pero sí de toque de inocencia».

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