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Arranca la semana Eurovisión en Turín con más de un «eurodrama»

Eurovisión
Foto: Instagram @maneskinoficial

La esperada semana del festival de Eurovisión arranca ya, pero llegar a Turín (norte de Italia) no fue un camino de rosas: la inédita expulsión de Rusia, la situación de los artistas ucranianos, las agitadas selecciones nacionales o una organización cuestionada acabaron sacudiendo esta fiesta de la música europea.

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«Eurodrama»: Dícese de aquel imprevisto surgido en el ámbito del Festival de Eurovisión que sume a sus seguidores en un estado momentáneo de desasosiego. Y de esto, este año, ha habido bastante.

Turín, una apacible ciudad a los pies de los Alpes, se convertirá desde el martes en el centro de la música internacional como sede del 66 Festival de la Canción Eurovisión. Los días 10 y 12 de mayo serán las dos semifinales, mientras que el sábado 14 llegará la Gran Final.

Sus organizadores de la televisión pública italiana RAI reconocen que trabajan incansablemente desde aquella noche de mayo en la que los Maneskin triunfaron en Róterdam y que son conscientes de que no podrán descansar hasta entregar el Micrófono de Cristal al ganador.

Y es que los meses previos han estado salpicados por polémicas, tanto en las selecciones de algunos de los 40 estados participantes como por la organización de las galas italianas.

Cero points

Como era de esperar, la situación de Rusia y Ucrania acabó salpicando este histórico certamen. El 25 de febrero, solo un día después del comienzo del conflicto, la Unión Europea de Radiodifusión (EBU, en inglés) anunciaba que los artistas rusos quedaban excluidos como represalia.

La candidatura de Ucrania también fue polémica. La cantante Alina Pash, la primera apuesta, no tuvo más remedio que retirarse tras descubrirse que en 2015 había viajado a Crimea, prohibido por las leyes de su país. «Soy una artista, no una política», se excusó.

En su lugar irá el grupo Kalush Orchestra con su tema «Stefania». Otro quebradero de cabeza para los organizadores es contrarrestar los votos «por solidaridad» a Ucrania, aunque para ello confían en la valoración técnica del jurado, que pesa la mitad de la puntuación final.

Terremotos nacionales

Otro de los «eurodramas» llegó en abril desde Israel, peso pesado del concurso y cuyo representante, Michael Ben David, estuvo a punto de quedarse en tierra por una huelga de los trabajadores del servicio de seguridad del país que impedía protegerle.

No obstante, la corporación israelí encontró «una solución al problema de seguridad» y el artista podrá cantar en Turín su pegadizo tema «I.M».

Muy sonada fue también la preselección española, con una Chanel alzada como ganadora entre gritos de tongo por los fanáticos de otras candidaturas, como la de Rigoberta Bandini o Tanxungueiras, a priori las grandes favoritas del público.

En Italia, ganar la preselección, el mítico Sanremo, fue «coser y cantar» para Mahmood y Blanco gracias a una balada, «Brividi», que conquistó al público italiano.

Pero el ruido llegó cuando uno de los aspirantes, el camaleónico Achile Lauro, decidió no rendirse y presentarse por San Marino, una diminuta república en lo alto de una montaña italiana. Y lo logró.

Críticas de desorganización

A todo esto se suman las críticas de desorganización dirigidas al Eurovisión italiano. En primer lugar, los «eurofans» se han quejado por la tardanza en sacar a la venta las entradas, apenas un mes antes, y también por su elevado precio, algo ya habitual.

Su productora ejecutiva, Simona Martorelli, apuntó que simplemente hubo que esperar las instrucciones del Gobierno sobre restricciones contra el coronavirus. Y, a pesar de todo, las entradas se agoraron enseguida y solo quedan unas pocas para la primera semifinal.

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Para colmo, el escenario del Estadio Olímpico de Turín, ideado como una representación natural de Italia, con un sol que gira, un frondoso jardín y una cascada de agua, no lucirá como se esperaba.

El problema se ha detectado en el conocido como «sol cinético», una enorme estructura de siete arcos concéntricos en la que los artistas podían -previo pago- mostrar proyecciones durante sus espectáculos, pero que finalmente no se moverá por una avería en su motor.

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