Todo lo bueno que tuvo la celebración de los 70 años del Miss Venezuela quedó relegado al último plano, cuando Maritza Pineda, Toto Aguerrevere y Sócrates Serrano, miembros del jurado, compartieron su malestar, porque los resultados anunciados diferían de sus votaciones.
Mientras, según sus cómputos, las ganadoras fueron Andrea Romero (La Guaira) y Daniela Malavé (Delta Amacuro), las coronas de Miss Venezuela y Miss International Venezuela terminaron sobre las sienes de Diana Silva (Distrito Capital) y Andrea Rubio (Portuguesa), respectivamente.
La directora general de la Organización, Nina Sicilia, explicó que a la votación del jurado se le suma la realizada por 20 personas del equipo de trabajo, la cual cuenta, además, con un mayor porcentaje en el total. La relación, de acuerdo a lo que ha trascendido, es de 70-30.
También recordó que tal fórmula había sido comunicada el 10 de noviembre (seis días antes de la elección), cuando se produjo la entrevista privada, por lo que le extrañaba que se hablara de sorpresa, manipulación o engaño. Sin embargo, un clip que ha circulado por las redes sociales muestra cómo la propia ejecutiva les dijo que tenían en sus manos la elección de las próximas representantes en compromisos internacionales.
Tal dinámica ha sido aplicada desde que el Comité Ejecutivo sucedió a Osmel Sousa en 2018. Hace rato que no hay auditores externos en la noche más linda del año, aunque los escándalos han sido una constante desde el nacimiento del concurso criollo.
En nombre del Padre…
Contra viento y marea, el poeta apureño Reinaldo Espinoza Hernández logró sacar adelante la primera edición de Miss Venezuela en 1952. El movimiento Juventud Femenina Venezolana le hizo la guerra y emitió un manifiesto recogido en el número 146 de la revista SIC que dice, entre otras cosas: “Si hay, pues, repulsa de estos torneos es por la forma indecorosa e inmodesta en que se llevan a cabo”, aludiendo al desfile en traje de baño.
Algunos colegios católicos presionaron para que sus alumnas no participaran y lograron que se registraran cinco bajas. Sin embargo, la iniciativa continuó adelante con 14 candidatas y con el apoyo de la Junta de Gobierno (Germán Suárez Flamerich, Marcos Pérez Jiménez y Luis Felipe Llovera Páez) que presenció la coronación de la pionera, Sofía Silva (Bolívar). El ambiente se repitió un año después, aunque con menor intensidad.



Lejos del escenario
Una habitación del Hotel Tamanaco sirvió para la coronación de Miss Venezuela 1957, Consuelo Nouel Gómez (Distrito Federal), aunque los desfiles tuvieron lugar en el Salón Orinoco. Según la prensa de la época, la decisión respondió al gran respaldo del público que tenía la larense Berta Dávila, quien perdió ante una candidata que estaba bajo sospecha, por ser nieta del general Juan Vicente Gómez.
En 1978, hubo una situación similar. Al anunciar los resultados, efectivos de la Policía Militar rodearon el escenario, para evitar que el descontento de los presentes pasara a mayores. El padrastro de la ganadora, Marisol Alfonzo (Guárico), era miembro veterano del Comité Venezolano de la Belleza, hecho que originó algunas dudas sobre la transparencia del resultado.



Una enjabonada
Otro caso singular ocurrió en 1961. La favorita de Espinoza Hernández era Gloria Lilue (Distrito Federal), pero Anasaria Vegas (Caracas) obtuvo la mayor cantidad de votos en envoltorios de jabón como había sido acordado con un poderoso patrocinante, por lo cual fue declarada ganadora, la noche final, en el Hotel Tamanaco.
La primera sorpresa de Vegas fue que los premios ya habían sido entregados a Lilue. El periodista de Últimas Noticias, Acuña Lezama, intermedió para que el carro pasara a manos de su legítima dueña, citando a ambas en la redacción del diario, donde se produjo el traspaso de las llaves.
La segunda sorpresa se registró en Miami Beach, sede de Miss Universo. Al llegar, el nombre de la reina no coincidía con el que manejaba la organización estadounidense que se comunicó con Caracas, para aclarar la situación. En el norte estaban esperando a Lilue, cuya imagen ya había sido publicada en el tradicional program book.



Muérete que chao
Por lo menos en tres ocasiones ha habido conatos de renuncias masivas por supuestos favoritismos. En 1967, la inscripción a última hora de Mariela Pérez Branger (Departamento Vargas) produjo la llamada por los historiadores del certamen como «La rebelión de las feas». Nueve de las 16 participantes estaban dispuestas a abandonar la competencia, aunque fueron disuadidas por los Acosta Rubio e Ignacio Font Coll, accionistas de Oppa Publicidad, agencia que compró los derechos del concurso.
En 1980, el malestar era latente, por el protagonismo de Maye Brandt (Lara) e Hilda Abrahamz (Departamento Vargas), pero se hizo evidente un día después de la elección, cuando dos candidatas dieron una rueda de prensa en el centro comercial Chacaíto, para hablar sobre supuestas irregularidades.
Y en 2003, un grupo de chicas incumplió su agenda de actividades en la Quinta Rosada, para escaparse al Sambil. El rumor aseguró que fue una protesta por el trato preferencial que se le dispensaba a Valentina Patruno, quien llegó desde Miami para lucir la banda de Miranda.
Al regresar a la sede, recibieron una reprimenda de María Kallay y, en privado, Osmel Sousa le restó importancia al hecho.
De otros lares
Aunque seis de las 71 reinas que forman parte del certamen criollo nacieron en otros países, hubo dos casos de especial resonancia.
En 1969, la escogencia de María José Yellici (Aragua) causó revuelo en el público presente en el Teatro París de La Campiña, porque vino al mundo en Madrid. No obstante, pudo demostrar que llegó antes de los siete años, por lo cual, según la legislación vigente, su nacionalidad era venezolana.
La joven viajó a Miss Universo y, al regreso, renunció al título, por un compromiso matrimonial que no se concretó. Traspasó la corona a Marzia Piazza (Nueva Esparta).
Dos décadas después, sucedió algo parecido con Eva Lisa Ljung (Lara), cuando recibió a los periodistas en su residencia. La soberana vio luz por primera vez en Malmö, Suecia, pero aterrizó en territorio nacional a los tres años. Vivió en Valera y Valencia antes de que la familia se estableciera en Barquisimeto.
Las otras nacidas en el extranjero son: María Antonieta Campoli (Italia), Maritza Pineda (Colombia), Bárbara Palacios (España) y Andreina Goetz (Alemania).



Propuesta indecente
Un año especialmente movido fue 1976. Apenas 36 horas después de haber sido electa, Elluz Peraza (Guárico) se casó con su novio Neomar Bruzual y abdicó al título, traspasando la corona a Judith Castillo (Nueva Esparta).
La nueva reina fue invitada a la casa de los Acosta Rubio, donde le propusieron renunciar a favor de Genoveva Rivero (Lara), porque su tipología no los convencía.
Castillo no aceptó y se vengó quedando a un tris de ganar el Miss Universo. Al año siguiente, por temor a que dijera algo inapropiado, los dueños del concurso la hicieron grabar su mensaje de despedida, cuando siempre había sido en vivo.
En un acto de rebeldía, porque invitaron a Elluz para premiar a la ganadora, Judith colocó la corona lograda en Hong Kong sobre la cabeza de la primera finalista de 1977, Vilma Goliz (Falcón).
El cambiazo
Un verdadero zaperoco se armó en al Gran Salón del Caracas Hilton en 1979, cuando el jefe de prensa del Miss Venezuela, Jorge Mejía Alemán, decidió favorecer a su amiga Tatiana Capote (Barinas) en perjuicio de María Fernanda Ramírez (Distrito Federal), cambiándolas de posición como primera y segunda finalistas.
Ramírez había sido gran favorita al lado de la ganadora, Maritza Sayalero (Departamento Vargas). Al difundirse el resultado, la madre y el hermano de la representante capitalina se abalanzaron sobre miembros del jurado, agrediendo a Luis Teófilo Núñez y su esposa Antonieta Scannone.
El revuelo impidió que le colocaran la emblemática capa real a quien se convertiría en la primera Miss Universo venezolana.
La mano pelúa
Gran confusión reinó en la edición de 1986 al momento de anunciar el cuadro definitivo. Gilberto Correa llamó a la primera finalista Nancy Gallardo (Portuguesa), cuando la chica estaba tras los bastidores del Teatro Municipal, con las demás eliminadas.
La presencia en el jurado de Blanca Ibáñez, entonces la mujer más poderosa del país, por su relación extramarital con el presidente Jaime Lusinchi, fortaleció la especie de que había presionado para favorecer a la novia de su hijo (y futura nuera), Lauza Fazzolari (Táchira), quien terminó con la banda de segunda finalista.
Nunca hubo explicación sobre las dos listas que manejó el animador, quien, tras bastidores, reclamó el chanchullo. Mucho tiempo después, comentó que habría que preguntarle a la «mano pelúa» lo que realmente sucedió.
Piel canela
La repercusión que tuvo en algunos medios el abierto favoritismo de Liliana Campa (Carabobo) causó revuelo en 2005. Un día antes de la noche final, en La Colina, fue nombrado un jurado con talentos de Venevisión, entre quienes se encontraba Carolina Perpetuo. La actriz asumió el compromiso frente a sus colegas de que no habría fraude.
De igual forma, minutos previos al comienzo del show, el jefe de prensa de la OMV, Igor Molina, mostró a los periodistas el sistema computarizado de votación, implantado en el Poliedro.
Las ganadoras fueron Jictzad Viña (Sucre) y Susan Carrizo (Costa Oriental). A la mañana siguiente, Osmel Sousa dijo: “Me siento en la rueda de prensa de Miss Trinidad y Tobago”, aludiendo al color de piel de las seleccionadas en detrimento de su preferida.



Lo ultimito
El año 2018 fue prolífico en controversias. En febrero, Osmel Sousa usó Instagram para anunciar su renuncia a la Presidencia de la OMV. En marzo, el enfrentamiento en redes sociales entre Annarella Bono (Anzoátegui 1997) y Angie Pérez (Barinas 1998) derivó en un escándalo de alcance internacional que vinculó al concurso con la prostitución y llevó al cierre temporal de la Quinta Morada.
Y en abril, se anunció la conformación del Comité Ejecutivo, integrado por Nina Sicilia, Jacqueline Aguilera y Gabriela Isler. En agosto, la grabación de La asignación de bandas fue paralizada por una medida cautelar tramitada por Veruska Ljubisavljevic (Vargas 2017), quien reclamaba su derecho de viajar a Miss Mundo. En septiembre, anunció que finalmente estaría en China.
El nuevo triunvirato también tuvo desencuentros con Miss Venezuela 2017, Sthefany Gutiérrez, a quien reclamaron la utilización de los emblemas del concurso, en una sesión fotográfica, sin el debido permiso. Y después, cuando la reina expresó su malestar, porque la revista oficial del certamen optó por dedicar la portada a las ejecutivas.
La relación entre las cabecillas del concurso y Miss Venezuela 2019, Thalía Olvino, tampoco fue una luna de miel. La reina no desaprovecha oportunidad alguna para lanzar puntas.
Por la boca
Miss Venezuela 1982, Ana Teresa Oropeza, estuvo en el ojo del huracán, después de que, al contestar una pregunta que le hizo el periodista Nelson Hypolite para la revista Feriado, dijera que le gustaba la música de Shakespeare. En Sábado sensacional, trataron de enmendarle la plana al mostrar un disco, cuyo repertorio estaba inspirado en las obras del escritor inglés.
Situación parecida vivió Miss Venezuela 2004, Mónica Spear. En la rueda de prensa convocada un día después de la coronación, le plantearon la interrogante de quién era su dramaturgo venezolano favorito, debido a que había estudiado arte dramático en Florida. La reina respondió que era el novelista colombiano Gabriel García Márquez.
Cachetada
Cuando Susana Duijm (Miranda) resultó electa Miss Venezuela 1955 frente a su más fuerte rival Mireya Casas Robles (Distrito Federal), algunos sectores trataron de descalificarla, diciendo que tenía imagen de «cachita».
Sin embargo, la historia cambió el 20 de octubre del mismo año, cuando obtuvo la corona de Miss Mundo en Londres. A partir de entonces, todos se rindieron a sus pies y olvidaron las palabras que le habían proferido.
