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“El Mauritano” una cinta a ratos conmovedora, a ratos molesta

Foto: Cortesía STX Films
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En octubre de 2016 un hombre inocente, que pagó años de prisión en Guantánamo acusado de haber reclutado a los terroristas que volaron en 2001 las torres gemelas de Nueva York, salió libre. Se trataba del último detenido mauritano en la cárcel de máxima seguridad estadounidense, ubicada en Cuba, y su nombre era Mohamedu uld Slahi. Su experiencia la compartiría con el mundo en el libro “Diarios de Guantánamo”, que acabaría en película.

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Detenido y apresado contra su voluntad por el gobierno de Estados Unidos, sin cargos ni juicio, “El mauritano” sigue la trágica historia de su arresto, encierro, investigación y defensa. Slahi fue entregado a las autoridades desde Jordania en 2001, luego de que los servicios de seguridad estadounidenses lo acusaron de pertenecer a la red terrorista Al Qaeda y le sembraron un expediente lleno de acusaciones infundadas.

La película

Sin voz para defenderse, el mauritano fue recluido en la base militar de la isla, a la espera de un juicio que sería manipulado para declararle culpable. Antes de que esto ocurriera, la abogada Nancy Hollander (Jodie Foster) y su asistente Teri Duncan (Shailene Woodley) tomarían su defensa como probono del bufete para el cual laboraban, y en el que la primera además era socia.

En ese momento, los ataques terroristas del 11 de septiembre llevaban un par de años esperando el rostro de un culpable, cuando la defensa entró en juego. La nación continuaba trastornada a partir de cicatrices profundas y había mucho odio sin control. Para colmo, en algunas fichas del alto mando militar la moral y la ética eran cuestionables y no importaba decir una mentira y destruir una vida. Para Slahi pedían la pena de muerte.

Hollander iniciará así una carrera, contra el tiempo y contra el sistema, que la llevará a solicitar la liberación del detenido. Su esfuerzo por demostrar su inocencia se medirá con la fuerza del abogado militar Stuart Couch (Benedict Cumberbatch), que representa a los Estados Unidos en el caso. Su motivación estará anclada a la muerte de su mejor amigo en los ataques terroristas.

Presionado por sus superiores, Couch irá descubriendo que detrás del expediente hay secretos y mentiras que no se pueden dejar pasar. Su honestidad se verá entonces salpicada y también su moral como hombre fanático de la religión católica. En ese debate, Couch acabará ayudando a Hollander por amor a la justicia y a sus principios.

Más de la producción

El guion es una adaptación de la obra de Slahi, publicada por primera vez en 2015. El director Kevin Macdonald lleva la historia al límite de las emociones y pone a prueba al espectador con un discurso que no deja de demostrar cosas.

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Los actores se lucen en sus roles, cada uno desde el lugar que ocupa en la trama, con matices emocionales que no tardan en sacudir al espectador. A ratos conmovedora, a ratos molesta, la cinta intenta justificar la acción de quienes lo detuvieron, enfatizando en que era necesario un culpable para calmar la rabia, indignación y tristeza generada por las miles de muertes. Pero al final da un giro para demostrar, a través de las acciones de los protagonistas, que en la humanidad no todo está perdido.

Slahi abandonó la prisión con 46 años de edad. Era ingeniero de telecomunicaciones y acabó también como escritor. Pese a las injusticias dijo haber perdonado en su libro 14 años de horrores infringidos, torturas y maltrato, pues nunca demandó a EE.UU.

 

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