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“El Conjuro 3”: no hay poder más fuerte que el amor

conjuro
Foto: Cortesía Warner Bros.
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El tercer y último episodio de la saga de “El Conjuro” no necesariamente genera el susto y la tensión que sus predecesoras. Parece más bien un filme de transición, un caso enfocado desde la distracción que experimenta la pareja al momento de llevar a cabo su trabajo. Porque esta vez vemos que Lorraine (Vera Farmiga) y Ed Warren (Patrick Wilson) están más distraídos pensando en lo mucho que se aman y se necesitan, que en el caso a resolver.

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Y no está mal. No es algo que moleste. De hecho, al igual que ellos dan cuenta del amor que aún se tienen y profesan, somos testigos del romance y entrega de dos jóvenes que luchan por superar juntos la visita indeseada de un demonio con ganas de llevarse todo a su paso.

Otra cosa importante es que un verdadero fan de la saga sentirá el giro en la dirección, pues el estadounidense Michael Chaves (“La Maldición de la Llorona“) toma el relevo de “El conjuro 3: El diablo me obligó a hacerlo”, sin ganas de copiar a James Wan. En esta, la octava película de la franquicia de terror y suspenso que tuvo su despegue en 2013. Se mantienen ciertos guiños pero Chaves lleva su historia a otro nivel. Lo hace con algunas dificultades, eso sí, pero enfocado en mostrar que la pareja es fuerte cuando está junta pero débil por separado.

En la dinámica, el terror que sentimos se trastoca. Nos ocupamos más en cruzar los dedos para que a los demonólogos nada pase, mientras arman el rompecabezas; que en cerrar los ojos cuando el demonio se manifiesta. Ellos están tan distraídos en su pasado, que nos salpican con esta situación que se vuelve recurrente durante todo el episodio. Y nos recuerdan, cada dos por tres, que ambos están conectados por la promesa que se hicieron al enamorarse y de no dejarse jamás.

Esta situación reduce los niveles de miedo y nos abraza. Pese a ello hay algunos sustos, no tantos como en la primera, pero bien ejecutados. Con un prólogo que nos eriza cuando vemos que el demonio que se instala en el hogar de esta nueva familia tiene mañas y le encanta jugar. Llevando al espectador a una secuencia de más de 10 minutos en los que cada giro representa un ataque. Obvio que ya desde los créditos iniciales, con su espeluznante banda sonora, nos advierten que el caso va a asustarnos.

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Otra cosa interesante es que aquí el mal se presenta a partir de una maldición que salpica a varios en un mismo pueblo.

La película dura 112 minutos y está ambientada en los años 80. Desempolva el primer caso en la historia de los Estados Unidos en el que un sospechoso de asesinato, Arne Cheyene Johnson (Ruairi O’Connor) aseguró en su juicio que fue obligado a cometer el crimen tras una supuesta posesión demoniaca. Pero ya eso lo advertía el tráiler. Queda ver si, en casa con la luz apagada y ya caída la noche, es tan valiente o como en el cine asustadizo.

 

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