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El Concurso

concurso by Osmel
Foto: Henry Delgado
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Agua pasada no mueve molino. Han transcurrido tres años desde que Osmel Sousa renunció a la Presidencia de la Organización Miss Venezuela, a través de su cuenta en Instagram. A partir de entonces, el Comité Ejecutivo integrado por Nina Sicilia, Gabriela Isler y Jacqueline Aguilera, ha estado sometido a la lupa de los fanáticos de los concursos, distribuidos en dos bandos: los detractores y los defensores del zar, quienes añoran que retome las riendas del certamen más longevo del país, cuestionando las decisiones de las exmisses. Sin embargo, a menos que ocurra un milagro dentro de la estructura del grupo Cisneros, no hay vuelta atrás.

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Como ha sucedido con la pandemia del coronavirus, Sousa se ha adaptado a la nueva realidad. Y aunque parecía que «El Concurso by Osmel» había quedado como una anécdota de todo lo acontecido en 2018, hace unos días presentó su segunda temporada, con estupenda repercusión en medios de comunicación, redes sociales y seguidores de la belleza.

Hasta el momento, el hacedor de reinas ha cumplido dos de los tres objetivos para que un evento de este tipo produzca el impacto deseado. En primer lugar, presupuesto. Respaldado por un financista que permanece a la sombra, los recursos permitieron realizar castings en 11 entidades del país: Anzoátegui, Aragua, Carabobo, Distrito Capital, Falcón, La Guaira, Lara, Nueva Esparta, Portuguesa, Táchira y Zulia, para preseleccionar a 65 chicas.

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En segundo lugar, televisión. Luego del viacrucis vivido con la primera edición, logró un acuerdo con Sun Channel para reforzar la transmisión del canal de YouTube. Históricamente, en Venezuela, los certámenes con más proyección son los que han contado con espacios en la pequeña pantalla. Sucedió otrora con el «Chica 2001» y, en este siglo, con «Miss Tierra Venezuela» y «Miss Supranacional Venezuela».

Y, en tercer lugar, franquicias internacionales. Este es el punto pendiente que urge cubrir. Si las ganadoras no viajan, disminuye el interés tanto de las jóvenes por participar como del público que las acompaña en sus travesías por tierras foráneas. De ahí la importancia de lograr acuerdos que conviertan a las triunfadoras en embajadoras, para que el esfuerzo no sea la réplica de la elección de una madrina estudiantil con algo más de dinero. Osmel Sousa ha decidido caminar en paralelo a la Organización Miss Venezuela. En un trienio ha logrado derribar importantes obstáculos y mantenerse a flote. Conserva intactos su ojo y su poder de convocatoria. Y aunque su lugar en la historia ya está escrito, faltan los anexos para rematar una biografía singular.

 

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