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«El año de mi graduación»: una comedia pegada como su protagonista

El año de mi graduación
Foto: Cortesía Netflix

Rebel Wilson vuelve tras quitarse unos cuantos kilos de encima en «El año de mi graduación». La producción -que sigue en el top 10 local de Netflix- es una comedia simplona con un guion que, como ocurre con su protagonista, parece desconectarse a ratos de la realidad que se presenta.

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Sí cuenta con todos los ingredientes de la fórmula exitosa de este tipo de comedias pero sin que su mezcla logre cuajar. Por un lado, tenemos una introducción bastante larga que hace que la película no arranque velozmente. Todas las situaciones son así, un pasito pa’ lante dos pa’ atrás. Y por otro está la protagonista que, sí con menos kilos, parece haber perdido algo de su expresividad y su encanto.

Las risas caen sueltas sin que las dificultades a las que se enfrenta Wilson en su personaje, al despertar 30 años después de una caída, permitan que uno realmente se conecte con ella y su sensación de estar perdida. A ratos se torna demasiado ridícula y desorientada subestimando el humor del espectador, que se cansa de reír de situaciones absurdas. Chistes estirados y trama repetitiva ganan terreno por casi dos horas.

Por otro lado, no existe en el personaje central una transición. De hecho, la inmadurez ante las experiencias que dejó de vivir deberían ubicarla de golpe y porrazo pero no es así. Y, obviamente, sacarla de la ridiculez es casi imposible.

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Aspectos positivos: volver a los años 90 con todo el color y estética que representaron en la cultura pop. Los guiños a esos años y sobre todo a los ídolos adolescentes. También resulta interesante ver cómo han cambiado algunas situaciones que intentan mostrarse con apertura pero que luego chocan con otras que parecen difíciles de erradicar. Solo la nostalgia la hace soportable.

Recomendada para ver una noche de insomnio.

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