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El anime y sus desastrosas incursiones al formato live-action

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Foto: Cortesía Netflix y 20th Century Fox
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Un rasgo distintivo de los otakus es que son exigentes cuando sus series favoritas se adaptan a otro formato. En el anime hay títulos que han sido lapidados por desviarse de la esencia del manga original, sobre todo cuando se omiten detalles imprescindibles para la trama o se le alarga con rellenos innecesarios.

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Ante un terreno que está constantemente en el blanco de críticas y expectativas, algunos productores se arriesgaron en llevar la gráfica a la realidad, solo que el resultado no tuvo la receptividad estimada.

Recientemente, el cineasta Zack Snyder se planteó la posibilidad de versionar para la gran pantalla “Dragon Ball”, atraído por el estilo de los japoneses en sus propuestas.

Pero aún no hay certeza. De hecho, habrá que esperar un poco más para ver si el realizador se anima en traer al valiente saiyajin al formato de carne y hueso, bajo la sombra de los pésimos intentos de otros cineasta que, por cierto, provocaron arcadas en los fanáticos más arraigados.

Teniendo este en cuenta enumeramos las cinco peores adaptaciones en acción real, clasificadas de mejor a peor.

Death Note

En el año 2017 Adam Wingard se aventuró en adaptar al formato live-action una de las joyas de cultos más invaluables en la cultura otaku. Se trató del popular shōnen (género enfocado al público masculino) “Death Note”.

La película fue distribuida por Netflix y a diferencia de otros títulos su crítica se dividió en dos perspectivas, los que conocían el argumento a cabalidad y los que desconocían la existencia de la obra.

Quienes desconocían la obra original de Tsugumi Ōba consideraron la película de su agrado, ya que compartía ciertas semejanzas con la saga de “Destino final“, especialmente en las escenas gores. Sin embargo, los admiradores tanto del anime como del manga la odiaron a más no poder, ya que los productores americanizaron el concepto de la trama.

En principio se presentó a un Light Yagami sin carisma ni astucia, siendo el principal blanco de burlas de los matones del colegio. Se enterró de golpe la psicopatía e inteligencia que definía su personalidad en el formato animado, mientras que el astuto e inexpresivo detective L se volvió un ser completamente agresivo e impulsivo.

A esto se sumó el radical cambio que sufrió Misa Amane, cuya contraparte gráfica se presentaba como la marioneta principal del protagonista. En esta versión ella tenía comiendo a Light de la palma de su mano y, además, era la autora intelectual de los asesinatos en serie. ¡Un desastre!

Shingeki no Kyojin

No solo los estadounidenses meten la pata cuando se trata de hacer el crossover de animes o mangas al formato de carne y hueso. Los propios japoneses tienden a generar el disgusto de su fanaticada a través de sus adaptaciones.

Un ejemplo de ello fue la versión de “Shingeki no Kyojin”, que impulsó Shinji Higuchi en el año 2015, basada en el popular manga y anime homónimo.

La serie tiene como protagonista principal a Eren Jaeger, quien vivió recluido detrás de una muralla a causa de los amenaza de los titanes, criaturas gigantes e inconscientes que solo buscan saciar su voraz apetito.

En el cómic y en la animación los orígenes de esta criaturas están sustanciados a causa del encuentro entre una humana y un extraño organismo que se adhirió a su cuerpo, convirtiéndola así en el primer titán de ese universo.

Dada la fusión, la muchacha se convirtió en un arma bélica y a partir de sus restos se crearon sueros para dar vida a un ejército de monstruos imbatibles. Sin embargo, el experimento se salió del control humano.

En el live-action, los inicios de los titanes no se remontan a una era medieval, sino al Japón moderno. En esta versión el apocalipsis estalló producto de un mal experimento, lo que indudablemente dejó consternado a los fans, más cuando incorporan tanques, misiles o bombas que no le hacen ni cosquillas al principal enemigo que, por cierto, da más risa que miedo.

Asimismo, el Eren de esta versión es mucho más insufrible, mientras que la incondicionalidad que Mikasa fue sustituida por odio y aberración producto de la cobardía del amor de su vida.

Full Metal Alchemist

Otra adaptación que incluyó Netflix en su catálogo fue el live-action de “Full Metal Alchemist”. Tanto el anime del 2003 como el de 2009 sigue dando de qué hablar dada la odisea de los hermanos Elric. Sin embargo, la mayoría de los fans prefieren olvidar que esta película existió.

Una peculiaridad planteada por Hiromu Arakawa (autora del proyecto), era la riqueza étnica que planteaba el argumento, siendo uno de los principales conflictos de la trama a causa de la Guerra Civil de Ishbal.

En la ficción era común encontrarse con individuos de rasgos caucásicos, afrodescendientes y orientales, pero en esta versión todos los personajes son japoneses y para crear distinción se tiñeron el cabello en un intento de representar bien sus respectivos roles.

En lo concerniente al casting muchas de las actuaciones están bastante sobreactuadas, más cuando intentan recrear las expresiones de enfado o frustración que tiran a lo cómico.

La película intenta ser fiel al manga y al anime de 2009, e inclusive hay buenas escenografías de paisajes y entornos de pelea. No obstante, su error radica en tratar de aglutinar 64 capítulos animados y 27 volúmenes del manga en un solo producto, lo que indudablemente agobia y aburre al espectador.

Pretty Guardian Sailor Moon

Puede que a estas alturas muchos hayan olvidado el live-action que tuvo “Sailor Moon” en 2003, bajo el título de “Pretty Guardian Sailor Moon”. Afortunadamente, solo contó con una temporada que se comprendió en 49 episodios y seis especiales.

La adaptación tiene un enfoque mucho más infantil, por lo tanto el oscurantismo de los antagonistas fue dosificado y la sexualización de las guerreras descartada.

A la relación amorosa entre Mamoru (Darien) y Usagui (Serena) le añaden un mayor grado de complejidad. A tal punto que su noviazgo se ve forzado por el poder del guion. Si bien es cierto que ambos se llevaban como perros y gatos, a principios de la obra original, su convivencia fue aplacando las hostilidades y dando rienda suelta a algo más que una amistad. En esta versión es imposible ubicar un momento conciliatorio entre los dos protagonistas.

Lo más extraño de esta serie fue la incorporación de Luna y Artemis, que en lugar de ser auténticos felinos, con voz en off, se presentó a un par de peluches que parecían provenir de una oferta de 2×1 de la Comic-Con. Asimismo, las herramientas mágicas se asemejaban más a los juguetes de una piñatería.

Un aspecto interesante del metraje es que las heroínas principales tenían mejor resguardada su identidad, ya que su cabello tornaba a un color diferente cuando se transformaban en las Sailor Scouts. Algo mucho más creíble que solo cambiar de ropa para que no te reconozcan.

Otro aspecto rescatable es que pusieron a Ami como una chica resentida, al punto que llegó a cambiarse para el lado enemigo a través de su alter ego Dark Mercury. Minako (Mina en Latinoamérica), por su parte, se desenvuelve como una guerrera solitaria.

Dragon Ball Evolution

Desde luego que el primer lugar como la peor se lo lleva, sin temor a represalias, “Dragon Ball Evolution”. Atrocidad dirigida por James Wong en 2009 y distribuida por 20th Century Fox.

Uno de los motivos que desató la ira de los fans de “Dragon Ball” fue la tergiversación de la obra original, al cambiar la esencia de los personajes y americanizar el eje de la historia, muy parecido a lo que ocurrió con “Death Note”.

En principio, se tiene a un Goku que detesta entrenar y prefiere conquistar el amor de la chica de sus sueños. Esto cuando en el anime y en el manga ni siquiera le gustaba estar con Milk, solo contrajo nupcias con ella para honrar una promesa que le hizo en su infancia.

Se omite descaradamente la participación de Krillin y el maestro Roshi no es el típico viejo verde que todos recuerdan. Además, olvidaron por completo la timidez de Yamcha hacia las mujeres y le faltaron el respeto al gran Piccolo.

Tan desastrosa fue esta producción que estuvo nominada al Golden Schmoes Awards como “Peor película del año”, solo que no logró conquistar el galardón. La cinta recaudó 58.2 millones de dólares en taquilla, de un presupuesto original de 30 millones, por lo que no logró duplicar su inversión inicial pero sí la superó.

Dado el descontento de la fanaticada, Wong se abstuvo de producir posibles secuela, lo que quizás muchos agradezcan hoy en día.

Menciones honoríficas

Al día de hoy se sigue debatiendo sí “Avatar: La leyenda de Aang” es una comiquita occidental o un anime de gran calibre, puesto que los personajes tienen los rasgos característicos del estilo japonés a causa de la coproducción entre Estados Unidos y Corea del Sur. Aún así vale la pena resaltar su drama de acción en vivo en este conteo como la ñapa.

La animación narra la historia de Anng, quien tras despertar de un sueño criogénico de 100 años descubre que el mundo sufre una guerra a causa de la codicia de la Nación del Fuego, mientras que su gente, Los nómadas Aire, fueron exterminados durante las primeras colonizaciones.

Con el objetivo de emendar sus errores, tras haber huido de sus responsabilidades como Avatar, Anng debe dominar los cuatros elementos (aire, agua, tierra, fuego) para devolver el equilibrio al mundo.

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La vida de Anng se llevó a la gran pantalla por primera vez en el 2010, solo que no logró la buena receptividad de los fans a causa de la omisión de detalles importantes de la trama y del drástico cambio de etnia de varios de los personajes principales.

Dado su fracaso en taquilla, el realizador de la cinta, M. Night Shyamalan, sepultó la idea de producir las secuelas del filme, basadas en los libros “Tierra” y “Fuego”.

 

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