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«Dune»: prepárese para algo grandioso y sublime

Dune
Foto: Cortesía Warner Bros.
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Majestuosa, futurista, profética. «Dune», la nueva película de Denis Villaneuve, es una obra maestra en tiempos apocalípticos. Con el cine al filo de un abismo, intentando sobrevivir a los embates causados por el coronavirus, la esperanza en el gran paquete cinematográfico se renueva con la llegada a las salas de esta aventura. Es como si el mismo mesías que esperan en el planeta Arrakis haya llegado para sacarnos a todos del letargo en el que hemos estado por tanto tiempo.

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Desde el minuto uno, su banda sonora, efectos de sonido y monumentales imágenes nos llevan de golpe a un planeta bendecido por el agua y la naturaleza. Su regente deberá sellar un pacto, empujado por el emperador de la galaxia, que cambiará la vida a la familia de este gobernante de corazón noble; cuyo hijo esconde un secreto de magnitudes tan bestiales como la majestuosidad del imperio construido por la Casa Atreides a la que pertenecen.

Esta condición traerá, además, paz y esperanza para los oprimidos de Arrakis planeta saqueado por la Casa Harkonnen al ser el único en el universo con fuentes inagotables de una especie que es capaz de prologar la vida y propinar poderes especiales a quienes la consumen. Una suerte de petróleo ocho mil años más adelante a nuestra era.

Cansados de la explotación, en Arrakis la guerra entre sus nativos (los Fremen) y los Harkonnen se detendrá, por un instante, cuando estos deban salir del territorio para cederlo al nuevo líder quien asumirá el control acompañado por su familia. Obvio que esta decisión del emperador, que se trama algo entre manos, no será vista con buenos ojos y, rápidamente, se desatará una de las mayores masacres de la galaxia.

La redención del séptimo arte

Sin dar más detalles de la historia, «Dune» es realmente una cinta de proporciones alucinantes. Los fanáticos de «Star Wars», pueden encontrarse en este nuevo universo de ciencia ficción, que Villaneuve logra impregnar de tantas emociones que uno pasa la película erizado. Por momentos recordamos a «Inmortales», con escenas de acción que nos dejan con la boca abierta. También por el tema religioso, reflejado en el increíble vestuario. En ese desierto, al que viajamos para sufrir y crecer junto al protagonista, hay cierta conexión con la pasión y el look de los musulmanes. Pero hay realmente tanto por ver, que la vista se regodea y deleita, mientras el cerebro vive un clímax constante.

Con dos horas 28 minutos de duración, el realizador aborda la primera parte de la novela de Frank Herbert. Lo hace con tal obsesión que el espectador es arrollado por todo el esplendor del proyecto sin dejar espacio al aburrimiento. Cada giro hace que no se puedan despegar los ojos de la pantalla, al punto que despides la película sin deseo de que se acabe.

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Por otros lado, el maestro Hans Zimmer borda con tal perfección la banda sonora que apenas hay silencios. La música envuelve, arropa, cuenta y, ya por allí, uno es capaz de elevar el disfrute a un nivel mucho más sublime.

En el plano actoral, el elenco es capaz de explorar profundamente la temática del libro y hacer, con sus magnificas actuaciones, que la historia nos llegue y emocione. Les advertimos: Paul Atreides (Timothée Chalamet) apenas está descubriendo el alcance de sus habilidades y su viaje apenas comienza. El camino de un héroe firmado está.

 

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