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Del vinilo a la red… (3)

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Continuando en esa cadena evolutiva que la tecnología aporta a la producción fonográfica, en entregas anteriores nos paseamos brevemente por el origen y evolución del disco de vinilo y por el revolucionario casete; y conservando la génesis de esta columna, debemos destacar que cada uno de estos formatos o versiones portadoras de la sonoridad musical, sirvieron de base para la producción y proyección a gran escala de la música llanera y sus cultores. Hoy, les hablaré del disco compacto, conocido popularmente como “CD”; y que, ciertamente, transformó la manera de escuchar la música.

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El disco compacto fue creado en 1979 por el holandés Kees Schouhamer Immink, de la empresa Philips, y el japonés Toshitada Doi, de Sony. El sistema óptico fue desarrollado por Philips mientras que la lectura y codificación digital corrió a cargo de la empresa Sony, ambas innovaciones fueron presentadas en junio de 1980 y prácticamente, al instante, se adhirieron 40 compañías de todo el mundo mediante la obtención de las licencias correspondientes para la producción de reproductores y discos.

A diferencia de los prototipos anteriores, el disco compacto permite almacenar datos en formato digital, (textos audio, imágenes, video, documentos y otros). Hasta el 2007 el CD figuraba como una herramienta de uso múltiple con un registro de ventas superior a los 200 mil millones en todo el mundo. Sin embargo, ese auge y poder comenzaba a ceder espacio tras el avasallante avance de la tecnología enmarcada en una intrincada red de comunicación que envolvía al mundo en una impresionante “tela de araña” a la que llamamos Internet y que ha agrupado a la especie humana en una “Aldea Global”, tal como en décadas pasadas la describiera el teólogo de la comunicación Marshall McLuhan.

 

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