Cada quien en lo suyo. La decisión es personal. Escoger entre darle bomba a una modelo que pasea las miserias humanas, haciendo alarde de prácticas escabrosas y exponiendo secretos que ridiculizan a sus ex; frente a un logro que habla de virtuosismo, trabajo en equipo e identidad nacional, la duda resulta casi ofensiva.
Cuando el pasado martes 8 de noviembre, 414 músicos se reunieron frente a la Basílica de la Chiquinquirá, en Maracaibo, lograron mucho más que el Récord Guinness como la banda folklórica venezolana más grande del mundo.
El hecho estuvo cargado de simbolismo. Primero, porque se realizó el Día del Gaitero, establecido en honor al inmortal Ricardo Aguirre. Segundo, porque reunió artistas de distintas generaciones, en persecución de un objetivo común. Tercero, porque tuvo como protagonista a un género que no admite discusión en cuanto a su nacionalidad. Cuarto, porque el furro y la tambora son el eje de la banda sonora navideña de los venezolanos. Quinto, porque reaviva el orgullo patrio, más allá de los gustos individuales.
Y sexto, porque representa la reivindicación de una expresión musical que, tradicionalmente, ha enfrentado duras batallas, en procura de su supervivencia. ¿Cómo así?
Además de estar unidos por una pasión, los gaiteros llevan décadas defendiendo la causa de que “la reina del folklore” suene todo el año, no solo en las celebraciones decembrinas. Esgrimen la importancia que tiene el ritmo zuliano y las limitaciones impuestas por el calendario, desde el punto de vista laboral.
En épocas de bonanza, la temporada gaitera comenzaba en octubre o, en el mejor de los casos, en septiembre, cuando los primeros temas comenzaban a deslizarse en las carteleras radiales. Es decir: las agrupaciones se mantenían activas, a toda máquina, tres o cuatro meses, desplazándose de un local a otro, la misma noche, para sacar la máxima rentabilidad posible.
Al riesgo implícito en la corredera, para cumplir los compromisos a tiempo, esa situación ha sido una camisa de fuerza que impide la dedicación exclusiva de los músicos, quienes han tenido que buscar fuentes de ingresos alternativas, para cubrir los gastos familiares durante el resto del año.
Algunos son incrédulos sobre el valor práctico de un Récord Guinness. En este caso, permite colocar el foco sobre un género que merece más consideraciones y muestra también cómo la ilusión es un motor inestimable. La batuta de Humberto Bracho, marcando los compases de Reina morena, Sentir zuliano, Sin rencor y La elegida, hizo viajar a un colectivo, sin pasar los controles aeroportuarios.
