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Cuando se cae la máscara de la verdad «Hay alguien en tu casa»

Hay alguien en tu casa
Foto: Cortesía Netflix
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Un asesino, una máscara, muchos secretos, no pocos asesinatos, un puñado de estudiantes de último año de secundaria, un pueblo perdido en la nada. Con las claves servidas Netflix estrenó «Hay alguien en tu casa», thriller de suspenso y terror que se perfila como uno de los favoritos para el fin de semana. A dos días de su debut ya ocupa la posición número cuatro del top 10 en Venezuela.

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La cinta, producida por James Wan («El Conjuro»), se desarrolla en una localidad rural de Estados Unidos. Los jóvenes están por despedirse del instituto para emprender una nueva etapa universitaria. Allí, un enmascarado sembrará el terror mientras se va cargando, una a una, a sus víctimas.

La historia es una adaptación de la novela homónima de Stephanie Perkins (2017) a cargo de Henry Gayden. Patrick Brice se sienta en la silla de director («Creep»).

¿Una más del género?

Si bien la película podría traer a la mente otras producciones de este corte, como «Scream» o «Leyenda Urbana», logra distanciarse. Lo hace a partir de varios elementos que despiertan interés y atención.

Por un lado está el hecho de que uno olvida a ratos que hay un asesino al acecho para conectar con el sufrimiento de su protagonista: Makani Young (Sydney Park). La joven, con una vida amarga producto de un pasado que la persigue y le genera ansiedad, intenta salir adelante enfrentando, además, los problemas propios de la juventud. Sí, está enamorada, pero no es el amor por el chico raro del colegio lo que la mantiene con ganas de vivir pues su único escape al recuerdo que la tortura es escribir poemas para lograr la tranquilidad.

Otro dato curioso, es que la película aborda con insistencia el tema del bullying escolar. Todos los protagonistas son en cierta medida marginados por el sistema y la sociedad. ¿Por qué? Simplemente por lucir, tener aficiones e incluso preferencias sexuales diferentes al común denominador. Son los raritos de Osborne High y, por allí, ya la cinta nos va presentando otras motivaciones y giros que hacen que la trama sea más digerible. Eso sí, no espere un proyecto de culto, la película tampoco va tan lejos y deja muchas cosas en el aire.

Volviendo a Makani, esta joven nacida en Hawaii se muda a vivir con su abuela en Nebraska. Esta localidad apacible verá su tranquilidad fracturada tras el primer asesinato. Con algunas piezas del rompecabezas puestas sobre la mesa, el espectador intentará armarlas mientras descubre los miedos, secretos y dramas de los tres protagonistas principales.

También se siguen las dificultades de los jóvenes para encajar y abrirse frente a los problemas. Se advierte el hecho de que un error no puede ser suficiente para condenar una vida, aunque el asesino no tenga la suficiente madurez para entenderlo y decida expiar las culpas de los demás creyéndose superior al resto.

Narrativa intermitente

El primero en ser asesinado es Jackson Pace (Markian Tarasiuk). Para estresar a sus presas el villano tiene tres armas que se vuelven recurrentes. Por un lado, imprime fotografías del hecho a expiar, para recordarle a la víctima por qué está a punto de perder su vida. Por otro, usa una máscara de látex con la cara de cada una de ellas para hacerles ver que todos somos una careta. Y por último, envía videos a los celulares de todo el mundo con escenas del hecho violento cometido por la víctima hacia sus victimarios para justificarse.

Este primer asalto deja a toda la secundaria en el aire, al tratarse del deportista estrella y orgullo de Osborne High. Además, señala a Caleb Greeley (Burkely Duffield) como el principal sospechoso por ser a quien golpeó Jackson por ser gay en el video que llega a todos.

Una vez que este prólogo nos ubica frente al asesino, descubriremos a Makani y al resto de estudiantes protagonistas. Entre ellos figuran: Zach (Dale Whibley), Alex (Asjha Cooper), Darby (Jesse LaTourette) y Rodrigo (Diego Josef), además del antisocial Ollie (Théodore Pellerin), quien conecta con la protagonista de múltiples formas.

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En el camino al desenlace vendrán más y más ataques brutales de exposición de culpas y pecados. La sangre correrá, los gritos se escucharán y el espectador se impacientará en el objetivo de ver quien está tras la máscara. Por cierto, es interesante en uno de los últimos diálogos el supuesto de que todos mostramos un careta solo para encajar.

Y lo que decía más arriba: la película saca a la luz los problemas de los jóvenes y por allí el susto fácil se va desvaneciendo.

 

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