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«Chip y Dale: Al rescate»: una crítica a los vicios de la industria del cine

Chip y Dale
Foto: Cortesía Disney+

«Chip y Dale: Al rescate» se estrenó en Disney+ la semana pasada. La película tiene varios puntos a favor pero también en contra. Por un lado está el hecho de que la trama se vuelve aburrida y recurrente a ratos, con escenas de acción que carecen de chispa. Pero por otro, uno menos superficial, está el trasfondo de una historia que crítica a Hollywood y sus vicios, algo que se aplaude.

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Un Peter Pan que se queda sin empleo al perder su cara de niño, o un Flounder que se ve sumido en deudas por querer mantener un estilo de vida que no puede costearse, son algunos de los contrastes a los que echa mano el film para desarrollar su historia. Sin trabajo ni fama, explotados, deprimidos y marginados, algunos de estos dibujos animados buscarán la forma de abrirse paso en la piratería. Eso sí, antes deberán pasar por alteraciones en su forma para argumentar el poco valor que Hollywood y Disney en particular, otorga a esa otra industria paralela. Los menos interesados en fama y gloria construirán un futuro lejos de los focos.

A decir verdad, «Chip y Dale» no es mala pero tampoco es buena. Refleja los vicios y trampas de una industria que incluso logró separar a las dos populares ardillas, exitosas en la TV de los años 90. Sin show ni trabajo para «los rescatadores», luego de que Dale consiga una oferta en solitario, las ardillas se alejan para siempre y con esto desaparece el resto del equipo.

Ojo, Zipper, Monterey Jack y Gadget también volverán a ratos para mostrarnos qué ha sido de sus vidas. Y es que justamente será en el secuestro del ratón gordo de bigote el que haga que Chip y Dale vuelvan a reunirse con una meta común.

Aspectos destacados

El recorrido, de casi dos horas, echa mano a personajes de otros franquicias como He-Man y Skeletor de «Amos del Universo», los nuevos Pequeños Ponys de Hasbro o el mismo Sonic que ahora se gana la vida en una serie del FBI.

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Al igual que hicieran en películas anteriores como «¿Quién engañó a Roger Rabbit?», los humanos y las caricaturas conviven en un mundo de tolerancia y respeto; en el que intentan sobrevivir a las dificultades que impone la vida y a la espalda que da la industria. Además conecta con la citada historia a partir del hecho de desarrollarse con un ángulo policial.

Cameos y chistes la vuelven una aventura para esos fanáticos de «Chip y Dale: Los rescatadores», que como sus protagonistas son hoy adultos.

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