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Celia ¿muerta?

Foto: EFE
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Uno de los personajes que era siempre un gusto entrevistar era Celia Cruz. No importa cuántas veces visitara Venezuela. No importa si era para promoción o para cantar en vivo. Tenerla de frente, con su cuerpo voluptuoso, su infinita colección de pelucas, sus zapatos aéreos y sus uñas artísticas. Hablar con ella era como hacerlo con una tía que uno tiene tiempo sin ver y que, cuando se da el reencuentro, no quiere que se termine. Así como lo cuento.

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En un momento, Celia, siempre acompañada de su inseparable esposo “cabecita de algodón”, Pedro Night, vino a promoción. Un nuevo disco la traía a Caracas y a Sábado Sensacional, cuando mucho de ese programa se hacía en vivo. Otros tiempos. Se pautó una rueda de prensa el viernes antes, en el Caracas Hilton.

Pero el jueves en la tarde comenzaron a circular rumores de que “La guarachera del mundo” había muerto en Colombia. Sin las facilidades tecnológicas de ahora (ni siquiera el correo electrónico) era difícil confirmar la noticia. La disquera no canceló la rueda de prensa. Se limitó a decir que el encuentro iba porque Celia estaba bien.

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Como se ve, la “muerte” de famosos no es exclusivo de los tiempos de redes sociales. Solo que antes el público no se enteraba. La única manera era que la especie se dijera por algún medio de comunicación. Y, como siempre ha mandado la máxima del periodismo, se respetaba aquello de no publicar una información sin contrastarla con varias fuentes.

Lo cierto es que llegó el viernes. La hora pautada y Celia no llegaba. Así como lo cuento, lo hizo con algo de retraso, del aeropuerto directo al hotel. Apenas entró al salón, con su espíritu único, alegre e inolvidable, se paró en la puerta. Miró a los lados y soltó: “Estaba muerta… pero de la risa”.

 

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