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«Batman»: la versión más humana, profunda y oscura del superhéroe

Batman
Foto: Cortesía Warner Pictures

Lejos de la caricatura y cercana a un relato más humano y profundo de sus personajes, «Batman» llega a los cines con su versión más oscura, enigmática y real.

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El prólogo despunta con tiros de cámara y planos que no demoran en dejarnos boquiabiertos. Rostros dibujados a partir de la luz tenue de un faro, del brillo de la luna, del chispazo que deja el tren al chocar con las vías o de la electroboscópica secuencia de una sala de discoteca, mientras un diluvio cae sobre Ciudad Gótica y la batiseñal ilumina el cielo sacudido por el torrencial aguacero.

Una voz nos adelanta la situación. El miedo, el caos y la locura se imponen en la convulsa metrópolis de altos rascacielos. Un asesinato está por ocurrir. Esta oscuridad se mantendrá, como niebla en los ojos del espectador, durante todo el recorrido. Como si el director quería meternos de golpe y porrazo en la visión de un hombre, o varios, ciegos de venganza. Venganza que en algún momento tomará un descanso en el camino hacia la luz.

Pero volviendo al prólogo, que conecta maravillosamente con muchas de las escenas -a partir del uso de los mismos elementos-, saboreamos el caramelo que explota en la boca antes de ser mordido.

A decir verdad, su estética nos acerca más a un filme de terror que a uno de superhéroes. Y allí nos sentimos arropados y oprimidos por la oscuridad de un personaje que al final deberá abandonarla forzado por los acontecimientos. Para redimir, incluso, su forma de entender la venganza.

«Batman» es, además, una historia de lógica y lectura profusa. No espere más acción que interpretación y cuidado con perderse un diálogo. El director logra con soltura mantenernos atados a su discurso cinematográfico pero también al narrado a partir del diálogo. A esa historia del huérfano que le dio la espalda al mundo y que atormentado intenta defender a la ciudad por sus propios medios.

En este sacudón los momentos para emocionarse sobran. Como cuando vemos al batimóvil en acción. Cuando Batman sale a las calles a pelear por primera vez o un momento final en el que la ciudad entera se ve amenazada. Pero hay más ratos así y eso se agradece.

¿Es Batman el protagonista o más bien El acertijo?

Durante más de media película el espectador se preguntará si realmente El acertijo (Paul Dano) es un hombre malo pues, como Batman, ha decidido sanear las calles de la podrida delincuencia organizada. Las fechorías se expanden como un cáncer y este enigmático personaje será capaz de desenmarañar y descubrir lo que la policía no ha hecho. Al punto de mostrarse como el verdadero héroe del cuento, que además distrae a Batman con sus impertinencias, por lo menos dos horas de las tres que dura la cinta. Lo vemos como el secuaz perfecto, el compañero ideal, hasta que su locura aflora.

Cansado de la opresión de los ricos, este hombre que se oculta detrás de tarjetas de salutación tiene realmente un plan interesante y una motivación genuina. La misma que Gatúbela que, en sí, no se nos presenta como una villana. Dicho sea de paso, es tan sexy la actuación de Zoë Kravitz en el filme que su presencia sacude. Sin duda, una de las mejores representaciones logradas hasta hoy a pesar de que tampoco acapare la atención en la cinta, solo en momentos claves. Pero se luce y se hace notar, como una cachetada en la cara que golpea fuerte cada vez que se anuncia.

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El otro villano es El pingüino (Colin Farrell), que parece más el típico mafioso italiano y ya por allí vemos otro acierto del director. No espere una caricatura de risa exagerada o malformaciones congénitas. Lo maravilloso de este «Batman» es que todos sus personajes han sido humanizados. Y ni hablar del hombre murciélago (Robert Pattinson), que lejos de parecer un tipo rudo se nos muestra por primera vez como un tipo bastante perturbado por no tener las herramientas para superar su pasado y sus crisis.

Las actuaciones son sencillamente geniales, las de todos sin excepción. Jeffrey Wright, John Turturro, Peter Sarsgaard y Andy Serkis también participan. Y el guion tiene a ratos momentos graciosos, aunque la risa no se escuche fuerte hasta el final de la cinta. Un guiño interesante que da cuenta a una posible secuela. ¡Crucemos los dedos!

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